Las transfusiones de sangre y sus productos ayudan a salvar millones de vidas al año. Contribuyen a que pacientes con enfermedades potencialmente mortales vivan más tiempo con mejor calidad de vida, y posibilitan la realización de intervenciones médicas y quirúrgicas complejas. Asimismo, tienen una función vital en la atención materno-infantil, el embarazo y las respuestas de emergencia a los desastres naturales o causados por el hombre.
Solo se puede asegurar un suministro suficiente mediante donaciones regulares voluntarias y no remuneradas. No obstante, en muchos países los servicios de sangre siguen teniendo problemas para ofrecer sangre suficiente y garantizar su calidad y seguridad.
En San Rafael con motivo de haberse celebrado el Día Mundial del Donante de Sangre, el Hospital Schestakow llevará adelante una nueva colecta abierta a la comunidad el martes 16 de junio, de 8 a 11.30, en el Auditorio Central del nosocomio, con ingreso por calle Emilio Civit.
La jornada está organizada por el Servicio de Hemoterapia y la Cruz Roja Argentina Filial San Rafael.
Por qué se necesita que se done sangre
La demanda transfusional aumenta año tras año debido a cambios demográficos y avances médicos. Entre los factores que incrementan el uso de sangre se encuentran:
- El crecimiento de la población mayor de 70 años, que requiere tratamientos oncohematológicos prolongados.
- El aumento de los trasplantes de órganos y médula ósea.
- Más cirugías complejas y terapéuticas avanzadas.
- Mayor expectativa de vida, asociada a enfermedades crónicas que requieren transfusiones.
Estos progresos en salud son motivo de orgullo, pero exigen un sistema de donación robusto y sostenido. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS, el modelo recomendado es 100% donación voluntaria.
El Ministerio de Salud estima que. si entre el 3% y el 5% de la población sana donara dos veces por año, la Argentina cubriría la totalidad de su demanda.
Por qué hay menos donantes
Las causas de la disminución de donaciones son múltiples y se profundizaron con el tiempo. Entre los motivos más frecuentes se encuentran:
- Desinformación y mitos: dudas sobre el proceso, temor a debilitamiento o a daños que en realidad no ocurren.
- Falta de hábito: donar implica tiempo y planificación, algo difícil en la rutina actual.
- Donar solo en urgencias: muchas personas se acercan recién cuando un familiar lo necesita, en lugar de hacerlo como acto solidario regular.
- Subestimación del riesgo: pocas personas internalizan que 9 de cada 10 podrían necesitar sangre en algún momento de su vida.
- Factores económicos y sociales: prioridades urgentes desplazan actividades no obligatorias.
- Aislamiento de adultos mayores: quienes dependen del modelo de reposición cuentan cada vez con menos familiares cercanos para donar.
- Aumento de tatuajes y procedimientos estéticos: que generan períodos de espera antes de poder donar.
- Crecimiento de infecciones transmisibles, como la sífilis, que elevan los diferimientos.
- Menor percepción del riesgo de VIH debido a los avances terapéuticos, con disminución del uso de preservativos.
- Cambios alimentarios y aumento de anemia: la crisis económica afecta la calidad de la dieta y limita la elegibilidad para donar.
A pesar de la enorme tarea de los equipos de salud que informan, educan y organizan colectas, la población continúa enfrentando dudas, temores y postergaciones que debilitan la disponibilidad de sangre segura.
Cuando falta sangre, el sistema se detiene: un riesgo real para todos
La sangre salva vidas todos los días y en situaciones que nadie puede prever. Cuando faltan donantes:
- se demoran cirugías,
- se interrumpen tratamientos,
- se compromete la respuesta ante emergencias.
No es una frase hecha: una persona que necesita una transfusión no puede esperar.
La escasez se vuelve especialmente crítica durante los meses de fin de año, cuando el descenso habitual de donaciones deja más expuestos a pacientes que requieren transfusiones urgentes o continuas, como quienes atraviesan enfermedades oncohematológicas.
En ese contexto, la donación voluntaria se transforma en un acto profundamente humano: anónimo, seguro, repetible y capaz de salvar hasta tres vidas por cada donación. No es solo responsabilidad del sistema de salud: es un compromiso comunitario. Instituciones, medios, organizaciones y cada ciudadano pueden marcar una diferencia concreta.



