"No quiero vivir más": el estremecedor mensaje de un chico de 7 años

Hace 6 minutos

Casi 2 de cada 10 chicos tienen síntomas de tristeza o ansiedad, advierte un informe de la UCA; el fenómeno se profundiza en los sectores más vulnerables; cuáles son las señales que suelen pasar inadvertidas para los adultos

Simón tiene siete años y está aprendiendo a escribir en cursiva. Cuando empezaron las clases, en la escuela le dieron una tarea: contar qué había hecho durante las vacaciones de verano. Algunos compañeros escribieron sobre viajes, cumpleaños o tardes en la pelopincho de un vecino.

Él dejó una frase corta en el cuaderno: "No quiero vivir más."

Cuando lo vio, su maestra se quedó helada. Después llamó a la familia.Desde hacía semanas, Simón lloraba sin un motivo claro, comía poco y dormía mal. Había empezado a aislarse en el aula y ya casi no jugaba en los recreos.

En su casa, su mamá notaba que algo no estaba bien, pero no imaginaba la dimensión del sufrimiento. "Nunca pensás que puede estar pasando algo tan grave", cuenta Mónica, que vive con su pareja (ella es ama de casa, él carpintero) y Simón en el municipio de José C. Paz.

Al día siguiente del episodio del cuaderno, llegaron a la guardia de salud mental de un hospital porteño por recomendación de un familiar. Allí los profesionales detectaron pérdida de peso, angustia persistente y pensamientos de muerte: Simón contó que tenía un plan suicida.

Tras un trabajo coordinado entre el hospital, la escuela y su familia, el niño empezó a mejorar: volvió a jugar en los recreos, a comer con ganas y a dormir mejor. "Aprendimos a ver señales", asegura su mamá.

"No quiero vivir más": el estremecedor mensaje de un chico de 7 años

¿Qué expone la historia de Simón? Le pone cara a un padecimiento compartido por cada vez más niños y a edades más tempranas.

Según un nuevo informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, al que La Nación accedió en exclusiva, el 18,1% de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años presentó en 2025 síntomas frecuentes de tristeza o ansiedad, según la percepción de sus adultos de referencia.

Es decir: casi 2 de cada 10 chicos.

Los datos se conocen pocas horas después de que fuera hallada sin vida Maitena, la adolescente de 14 años que había sido intensamente buscada durante los últimos días. Aunque las circunstancias de su muerte continúan bajo investigación, la presencia de cartas de despedida y otros elementos llevaron a los investigadores a considerar la hipótesis de un suicidio, reavivando el debate público sobre el malestar emocional en niñas, niños y adolescentes y la importancia de detectar señales de sufrimiento psíquico a tiempo.

¿A qué edades aparece este malestar?

El estudio muestra que alcanza al 16,1% de los niños de 5 a 12 años; aunque asciende al 21,2% entre adolescentes.

También revela brechas claras: las adolescentes mujeres registran niveles más altos de malestar (24,7%)

En los sectores sociales más vulnerables la incidencia duplica (20%) a la observada en niveles medio altos (10%).

¿Qué significa que un chico tenga "malestar emocional"?

El indicador hace referencia a señales persistentes de tristeza, ansiedad o desánimo percibidas por adultos de referencia.

Para Ianina Tuñón, coordinadora e investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, el "el malestar emocional no solo afecta cómo se sienten los chicos: también se asocia con más dificultades de aprendizaje, problemas para hacer amigos y mayores situaciones de aislamiento".

Y agrega: "Cuando les preguntás a los chicos qué hace a la diferencia entre un niño pobre y un niño rico, la mayoría dice que un niño pobre es el que no tiene amigos. Con lo cual, el lugar de las relaciones interpersonales es superimportante y en buena medida podemos conjeturar que está vinculado con las situaciones de tristeza y ansiedad".

¿Por qué preocupa especialmente este fenómeno en los chicos más pequeños? Porque cuestiona una idea extendida: que los problemas de salud mental empiezan recién en la adolescencia.

En la práctica clínica, la psiquiatra infantojuvenil Silvia Ongini, del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas, observa consultas cada vez más tempranas. "Vemos chicos de 5 o 6 años que ya no juegan como corresponde a su edad, están replegados, lloran sin motivo o no quieren ir a la escuela", señala.

¿Cómo se manifiesta la depresión o la ansiedad en la infancia?

No siempre aparece como tristeza visible. Ongini detalla que puede expresarse a través de:

irritabilidad, alteraciones del sueño, falta de apetito, aislamiento, pérdida del interés por jugar.

La psiquiatra agrega un dato clave: el retraso en la adquisición del lenguaje puede ser un semáforo rojo, ya que muchas veces está asociado a dificultades emocionales o vinculares tempranas.

¿Qué señales deberían alertar a familias y escuelas?

La médica recomiendan prestar atención cuando un niño:

deja de jugar o se aísla, llora con frecuencia sin causa clara, no quiere ir al colegio,

presenta cambios en el sueño o la alimentación, pierde interés por actividades 

 habituales, expresa deseos de desaparecer o no existir.

Muchas veces, advierte Ongini, estos cambios se interpretan como timidez o problemas de conducta cuando en realidad pueden expresar sufrimiento emocional.

¿Por qué el malestar es mayor en los sectores vulnerables?

El informe muestra una brecha marcada:

20,7% de malestar emocional en estratos muy bajos; 10,6% en niveles medio altos.

En ese sentido, Tuñón, socióloga y doctora en Ciencias Sociales, sostiene que el informe revela "una de las dimensiones más invisibilizadas de la pobreza infantil"

Aclara que esa desigualdad (es decir, la presencia de mayor malestar emocional en los sectores más vulnerables) se ve sobre todo en los chicos de nivel primario. En los adolescentes, en cambio, esos padecimientos son más transversales y afectan de forma similar a los sectores bajos y medios.

No existe una causa única detrás de ese fenómeno, pero sí condiciones que incrementan la vulnerabilidad. Los chicos de sectores más vulnerables, señala Tuñón, suelen tener menos oportunidades de integración social: dificultades para participar en actividades recreativas, invitar amigos o sostener vínculos fuera de la escuela

"Tienen más dificultades para poder vestirse como otros niños, poder invitar amigos a su casa, hacer actividades fuera de la escuela como un deporte o actividades artísticas, o poder festejar un cumpleaños o llevar un regalo al de un amigo, ejemplifica.

¿Los chicos realmente piensan en la muerte?

Según Ongini, estos pensamientos suelen vincularse con el deseo de terminar con el sufrimiento: "En chicos lo que veo es que hay una fantasía de encontrar una paz esperable, un alivio a un dolor insoportable, un fin a ese padecimiento que ya no se aguanta más y al que no le ven salida". Por eso, cualquier expresión relacionada con la muerte debe ser atendida de forma urgente.

¿Qué ayuda realmente a un chico en estas situaciones

Los profesionales coinciden en algo central: la intervención temprana cambia el pronóstico. Las estrategias más efectivas combinan:

acompañamiento familiar, intervención escolar, espacios terapéuticos,

fortalecimiento de vínculos. Lo fundamental, subrayan, es que ningún niño

atraviese el malestar en soledad.