Edadismo: tratar de parecer más joven no traería los beneficios esperados

Lunes, 18/03/24 16:00

¿Borrar los signos del paso del tiempo evita convertirse en víctima del edadismo? Qué dice un estudio y la opinión de expertos.

Las motivaciones que llevan a las personas a realizarse diversos tipos de intervenciones con el fin de borrar o moderar los signos de envejecimiento son variadas. Parecer más jóvenes, sentirse más atractivas, que los demás las perciban así, o yendo de lleno al plano de la subjetividad, simplemente, "sentirse mejor consigo mismas".

Ahora bien, esta "necesidad" no surge de la nada. Está emplazada en un contexto: la incomodidad con las señales físicas del paso del tiempo lejos está de ser un hecho subjetivo, sino que pareciera más bien surgir como respuesta al omnipresente paradigma de la juventud eterna, que deriva en una discriminación socialmente extendida y muchas veces naturalizada, que tiene como blanco a las personas mayores y que se denomina viejismo o edadismo.

A la hora de analizar cómo se relaciona una cosa con la otra, es decir, la discriminación y la necesidad de parecer más joven, los resultados de un estudio publicado recientemente ponen en duda que "una cosa implique la otra". Intentar parecer más joven no se condice necesariamente con estar exento de ser o sentirse discriminado.

El estudio

La investigación, basada en una encuesta nacional sobre envejecimiento saludable realizada por la Universidad de Michigan y recientemente publicada en la revista Psicology and Aging, indaga sobre la compleja relación que existe entre la apariencia y la experiencia de envejecer en adultos de entre 50 y 80 años.

Casi el 60% de las personas relevadas en este estudio -realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Oklahoma- indicó que se ve más joven que otras personas de su edad. El 35% dijo que se ve parecida a otras personas de su edad, y solo el 6% dijo que parece mayor.

Respecto a los esfuerzos por verse más jóvenes, un 35% reconoció invertir tiempo o dinero en tal tarea.

¿Sentirse más joven o invertir en eso se traduce en menos discriminación?

Si bien tanto quienes se ven más jóvenes como quienes invirtieron recursos para parecerlo tenían más chances de tener mayores experiencias positivas ligadas a la edad (como sentir un fuerte sentido de propósito o ser asociados a mayor sabiduría y por ende ser fuentes de consejos), no pasaba lo mismo en ambos grupos respecto a las experiencias negativas.

Mientras que quienes se sentían más jóvenes que el resto tenían menores posibilidades de sufrir experiencias negativas (tales como ser asociados a dificultades para ver, escuchar, recordar o utilizar la tecnología), no se observa una relación lineal para quienes invierten recursos en lograrlo.

De hecho, dice el estudio, aquellos que habían invertido en estrategias para ser más jóvenes tenían más probabilidades de obtener una puntuación más alta en la escala de experiencias negativas relacionadas al envejecimiento.

El estudio también analizó la relación entre la experiencia de estos grupos en torno al envejecimiento, con su estado de salud (física y mental) autoinformada.

La conclusión fue que quienes tenían mayores niveles de experiencias positivas en torno a esta etapa de la vida, y menores niveles de experiencias negativas, tenían más probabilidades de decir que gozaban de "buena" o "muy buena" salud tanto física como mental.

Las motivaciones

Ahora bien, también podría esgrimirse que quienes invierten en verse más jóvenes, no lo hacen por los demás, sino por ellos mismos. Es decir, no para que los demás los vean "mejor" sino para sentirse mejor.

Ricardo Iacub, doctor en Psicología y titular de la cátedra Psicología de la Tercera Edad de la Facultad de Psicología de la UBA, se ocupa constantemente de estos temas.

Tan es así que recientemente se manifestó junto a varias cátedras de varias universidades y programas nacionales en repudio a las declaraciones de la canciller Diana Mondino en el programa de Mirtha Legrand.

En un texto que dio a conocer a Clarín, expresan su desacuerdo con este tipo de declaraciones que conllevan "prejuicios extendidos que buscan deshumanizar, herir e invisibilizar a un sector de la población, no solo restringiendo un recurso como los créditos, sino argumentando la limitada cantidad de vida y de proyectos que les quedan".

En referencia a la temática abordada por el estudio, y analizando las posibles causas por las cuales una persona mayor puede llegar a realizarse intervenciones, el profesional diferencia tres escenarios.

"Solemos ver esto en personas que ?se hacen algún retoque', que califican como intervenciones livianas en las cuales, obviamente, incide la cercanía a ciertas representaciones de la vejez que generan un incordio, una sensación de malestar consigo mismas", describe.

Y añade: "En muchos casos, podemos encontrar personas en situaciones críticas, ya sea por una separación o por una situación en la que no se sienten bien consigo mismas, acuden muchas veces a cirugías".

Por otro lado, analiza que existe una suerte de "naturalización" de estas prácticas a nivel sociocultural, a tal punto de que llegan a ser solicitadas incluso por personas muy jóvenes.

"Hoy también tenemos que pensar que la cirugía se ha vuelto algo cotidiano, como ocurre con el ácido hialurónico, que se está viendo en gente de veintipico, lo cual es realmente impactante", analiza.

Aún así, Iacub admite que estas prácticas se ven con más asiduidad en clases medias y altas.

"Hay una relación de continuo con la cirugía, como un modo de sentirse mejor. Muchas de estas personas lo logran y sienten que les hizo bien, aunque también hay otros que aparecen en una situación cuasi adictiva en relación a los cambios corporales y están planeando permanentemente algún tipo de operación o intervención."