El fútbol italiano atraviesa uno de sus momentos más delicados y un informe reciente lo deja en evidencia. El documento, elaborado por el expresidente de la federación local, Gabriele Gravina, e iba a ser presentado ante la Cámara de Diputados dos días antes de que Italia quedara fuera del Mundial 2026 y recién ahora salió a la luz detallando problemas históricos que se profundizaron con el paso del tiempo.
El dato más alarmante aparece en lo económico: se pierden más de 730 millones de euros por año y acumula una deuda superior a los 5.500 millones. Esta situación marca el deterioro financiero de la liga y amplía la brecha con otras potencias como la Premier League, que la supera ampliamente en ingresos por derechos televisivos.
El informe ubica el inicio del declive tras el Mundial de 1990, cuando Italia tenía una de las ligas más poderosas del mundo. En ese período, los clubes dominaban Europa y la Serie A concentraba enormes ingresos, incluso por encima de otras competiciones. Sin embargo, ese modelo no evolucionó y quedó atrás frente al crecimiento de ligas como la inglesa.
"Los problemas críticos que enfrenta el sistema futbolístico italiano son bien conocidos desde hace años", señala Gravina en la introducción, donde advierte que estas fallas ya son estructurales. Además, remarca que sin un cambio de enfoque será difícil revertir la situación: "Sin el deseo de priorizar el bien común sobre la defensa de la propia posición, nadie puede lograr un resurgimiento completo".
Otro punto clave es la composición de los planteles. Los futbolistas extranjeros concentran casi el 68% de los minutos en la Serie A, muy por encima de otras ligas como España o Francia. A su vez, hay pocos jugadores italianos con continuidad y la presencia de jóvenes es mínima, con uno de los porcentajes más bajos de Europa.
En cuanto a la formación, el documento muestra que Italia quedó rezagada. Las canteras generan menos ingresos por transferencias que en otras potencias, y solo algunos clubes logran destacarse. Incluso con buenos resultados en selecciones juveniles, esos jugadores suman menos minutos en primera que sus pares europeos.
El análisis también marca diferencias en el juego. La liga italiana no figura entre las más intensas, con menor velocidad, menos regates y menor presión que otras competiciones importantes, lo que impacta en su rendimiento internacional.
El diagnóstico de Gravina es claro. Se trata de una crisis estructural que combina problemas dirigenciales, deportivos y financieros, y que obliga a repensar el futuro del calcio si quiere volver a competir al más alto nivel.




