A veces necesitamos decir ¡Hasta aquí llego! ¡Hasta aquí aguanto! ¡Hasta aquí, porque no doy más! Decir hasta aquí es marcar el límite entre lo que nos hace bien y lo que nos abusa.
Sin darnos cuenta, en el juego de la vida permitimos que los demás avasallen nuestros derechos, se tomen atribuciones que no les corresponden, hagan con nosotros lo que no queremos perdiendo nuestra esencia y nuestra voz.
Aclarar a los demás cuál es el límite de nuestros derechos higieniza espacios y nos devuelve el aire a la existencia. No es fácil decir basta, o hasta aquí, pero el resultado merece que dejemos de transitar territorios oscuros para volvernos a caminar, con identidad, por los senderos de nuestra propia elección.
El miedo es siempre devastador porque nos paraliza, porque nos hace sentir que no somos lo que los otros esperan de nosotros. El miedo a fallar, a decir no cuando todos esperan que digamos el habitual "sí" que nos amarga o nos somete. El peligro sin embargo, es mucho peor porque en él desdibujamos la identidad y perdemos la autoestima. Practiquemos el ¡Hasta aquí! con todo lo que nos hace daño y nos lastima.
Volvamos a elegirnos y a respetar desde nosotros mismos el lugar que ocupamos en la sociedad y cuando nos veamos firmes, seguros y convencidos el límite será, simplemente, una advertencia y no una tragedia.
Memoria del Alma / por Susana Platero.



