El médico reumatólogo Isidro Cuello visitó el aire de Vibra FM (100.3) para abordar una de las consultas más frecuentes en su especialidad: la artritis reumatoidea. Durante la columna, el profesional detalló los síntomas de alerta, las formas de presentación y la importancia de un diagnóstico certero.
Según explicó el Dr. Cuello, esta patología ocupa aproximadamente el tercer lugar de frecuencia en las consultas reumatológicas, ubicándose detrás de la artrosis y la osteoporosis. "Es una enfermedad frecuente donde a veces se demora el diagnóstico o se sobrediagnostica, por lo que es clave identificar las pautas de alarma", señaló.
La artritis reumatoidea se caracteriza por un proceso inflamatorio que afecta principalmente a las manos (articulaciones metacarpofalángicas e interfalángicas proximales), muñecas y pies. Los pacientes suelen manifestar rigidez, inflamación y una clara sensación de calor en las articulaciones afectadas.
El especialista detalló que la enfermedad puede manifestarse de tres maneras:
Aguda: Aparece de forma repentina de un día para otro, impidiendo realizar tareas cotidianas como vestirse, tomar una taza o abrir una canilla.
Progresiva: Se presenta con dolor e inflamación durante unos días, cede temporalmente y reaparece con episodios cada vez más frecuentes e intensos.
Monoarticular: Afecta a una sola articulación (habitualmente la rodilla), la cual se hincha, junta calor y puede presentar enrojecimiento en la piel.
Aunque puede manifestarse en niños o adultos mayores, el rango de edad más habitual se ubica entre los 20 y 50 años, con una mayor prevalencia en mujeres (en una proporción de 3 a 4 casos por cada hombre). Respecto al factor genético, el médico aclaró que existe predisposición, aunque no implica de forma determinante que se vaya a desarrollar la patología.
Cuello hizo hincapié en que la presencia de un factor reumatoideo o anticuerpo citrulinado positivo en análisis de sangre no confirma por sí solo la enfermedad. Para diagnosticarla se requiere una revisión clínica integral junto a estudios que midan la actividad inflamatoria real, como la eritrosedimentación y la proteína C reactiva (PCR).
"Si estos valores dan elevados, estamos ante un proceso inflamatorio activo. Si dan negativos, el paciente solo tiene una predisposición genética pero la enfermedad no está activa, por lo que no requiere tratamiento, sino control de evolución", explicó. Asimismo, recomendó realizar chequeos generales de función renal, hepática y hemograma cada seis meses.
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