Mateo tiene síndrome de Down: "Gracias señor juez, voy por mi título"

Hace 5 minutos

El joven recurrió a la Justicia para que lo dejaran estudiar en una escuela común

Mateo Valente mira el escudo bordado en la chomba que tiene puesta. Lo estruja y lo besa imitando a los jugadores de fútbol, como si fuera la camiseta de su club y no su uniforme escolar. Para él, que ha ganado varias medallas como parte del equipo de futsal inclusivo de Platense, empezar quinto año en una escuela de modalidad común tiene sabor a triunfo: "Fue como ganar otro torneo", dice.

En 2024, este adolescente de 18 años con síndrome de Down había sido obligado por el Tribunal de Familia N° 6 de San Martín a pasar de la escuela común a la especial. Después de haber cursado en colegios comunes con adaptaciones curriculares desde tercer grado de la primaria hasta cuarto año del secundario, la escuela a la que iba recomendó el traspaso. "Mateo ya no aprende más", conjeturó en aquel momento la maestra de apoyo a la inclusión.

 Pablo, su papá, lo acompañó en la lucha para que la Justicia le permitiera ejercer su derecho.

 Pablo, su papá, lo acompañó en la lucha para que la Justicia le permitiera ejercer su derecho.

Sus padres, que están divorciados, no se ponían de acuerdo. Mientras que su mamá quería seguir la recomendación, su padre se oponía. Y llevaron la disputa a la Justicia. Durante el proceso judicial que resolvió el traspaso a la modalidad especial, Mateo nunca fue consultado. Hoy afirma lo mismo que antes, solo que la Justicia no creyó necesario escucharlo: "Yo quiero tener mi título secundario para poder tener un trabajo. Quiero que se respeten mis derechos", expresa a quien quiera oírlo.

Ese pedido se hizo más fuerte cuando empezó a cursar la modalidad especial en 2025. Y una vez que cumplió los 18, se presentó ante la Justicia. "En el escrito inicial, Mateo le plantea al mismo juez que resolvió el traspaso: ‘Usted llevó adelante un proceso contrario a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y a la Constitución Nacional porque fui silenciado. Jamás se me consultó sobre mi deseo de permanecer o cambiar de escuela'", relata José María Martocci, abogado de Mateo.

El fallo, añade Martocci, incumplía diferentes principios protegidos por la convención. Por un lado, no se le reconoció a Mateo su capacidad jurídica para ejercer sus derechos. Y, en ese sentido, no solo desconoció su derecho a la educación inclusiva, sino que también era contrario al principio de vida independiente que promueve la autonomía en las decisiones de las personas con discapacidad.

Mateo tiene síndrome de Down: "Gracias señor juez, voy por mi título"

Mateo quiere aprender a viajar solo para ir desde la casa de su papá, en Bella Vista, hasta su escuela, que está ubicada en Los Polvorines; "Los profes son macanudos", dice sobre los docentes que tendrá en quinto año

"Los profes son macanudos"

En la habitación que tiene en la casa de su papá, en la localidad bonaerense de Bella Vista, tiene un escritorio para estudiar y una guitarra eléctrica. En una biblioteca conviven libros, juegos y están colgadas diferentes medallas de torneos de fútbol. En el piso, una foto enmarcada de Mateo junto a Mollo, el líder de Divididos, espera ser colgada.

Mateo se sienta en su cama, cubierta con un acolchado de Platense, para conversar con La Nación. Como está rindiendo unas materias que le quedaron pendientes de cuarto año, ya pudo conocer al staff del nuevo colegio, la Escuela Gabriela Mistral, ubicada en Los Polvorines. "Los profes son macanudos. Tenemos música, y me encanta. Yo toco la armónica y la guitarra. Me gusta mucho el rock. Soy fan de Divididos y de Ciro", dice.

Cuenta que Platense es su pasión y que, además de ser delantero en el equipo de futsal de ese club, integra la Selección Argentina de Síndrome de Down de la Federación Argentina de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual (Faddim). "Cuando hablo con mis amigos de fútbol, algunos terminaron la escuela y otros no. Otros me dicen que cuesta conseguir trabajo. A mí me gustaría trabajar con mi papá", afirma.

Mateo tiene síndrome de Down: "Gracias señor juez, voy por mi título"

En la habitación de la casa de su papá, Mateo tiene un espacio para estudiar y varios instrumentos; su otra pasión es el fútbol: integra el plantel de futsal inclusivo en Platense y forma parte de la selección de la Federación Argentina de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual

Pablo, su papá, explica que Mateo había hecho hasta cuarto año en un colegio de modalidad común en el que aprobaba los contenidos con la currícula adaptada. "A veces teníamos que insistir con que nos mandaran las adaptaciones, pero fuera de eso, iba muy bien", cuenta. Y agrega que en lo social, su hijo se había ganado un espacio en el grupo. "A los cumpleaños de Mateo venían todos", recuerda.

Pese a haber terminado tercer año con todos los contenidos aprobados, la escuela les sugirió el traspaso. Ante el desacuerdo de sus padres, Mateo inició cuarto año en la misma institución mientras, en paralelo, se inició la causa judicial, que resolvió el pase a la escuela especial. "Ese año nunca me citaron del colegio para marcarme algún problema en su rendimiento académico, pero a fin de año, tenía las 12 materias desaprobadas. Hasta educación física le hicieron llevarse", cuenta Pablo.

En 2025, ya con el fallo firme, Mateo cursó en una escuela especial con orientación laboral. Prefiere no hablar de esa experiencia. Para pedir que la decisión judicial fuera revocada porque él no había sido escuchado contó con el acompañamiento de Martocci, a cargo de la Clínica Jurídica en Derechos Humanos, Discapacidad y Salud Mental de la Universidad Nacional de La Plata, y de Celeste Fernández, codirectora ejecutiva de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia. "Yo estoy muy agradecido con José y con Celeste porque me ayudaron a luchar por mis derechos", expresa el adolescente.

Pablo, su papá, lo acompañó en la lucha para que la Justicia le permitiera ejercer su derecho a estudiar en una escuela de modalidad común; "Cuando termine el colegio, me gustaría trabajar con él", dice Mateo

Pablo, su papá, lo acompañó en la lucha para que la Justicia le permitiera ejercer su derecho a estudiar en una escuela de modalidad común; "Cuando termine el colegio, me gustaría trabajar con él", dice Mateo

Producto de esa presentación, a mediados del año último, Mateo fue convocado a una audiencia. "A pesar de alguna resistencia inicial por parte del juez, que temía que alguien lo estuviera induciendo, pudimos entrar con él. José como su abogado y yo como su apoyo", repasa Fernández. "Ahí quedó en claro que Mateo no estaba influenciado por ningún adulto, que su deseo de continuar cursando en la escuela común era genuino. Y así se lo expresó al juez", agrega.

El 8 de octubre del año pasado, el juez resolvió que Mateo podía volver a cursar en una escuela común. En su escrito remarca que, al escucharlo, quedó claro que el joven actuaba por voluntad propia. Además, tanto el equipo técnico del juzgado como los profesionales que trabajan con el chico, avalaron esta conclusión.

Mateo tiene síndrome de Down: "Gracias señor juez, voy por mi título"

Una vez que consiguió vacante en su actual escuela, Mateo le escribió la siguiente carta al magistrado:

Señor juez:

Soy Mateo. Estoy muy feliz que al fin vuelvo a la escuela común para poder tener mi título secundario.

Encontré una escuela. La conocí y conocí a la directora Vero. Voy a tratar de aprender a viajar para ir solo. Ahora estoy de vacaciones. Descanso. Disfruto con mi familia y amigos pero me estoy preparando para pasar a quinto año.

Compré el uniforme nuevo y ya preparé las carpetas que me compré en las vacaciones. Estoy feliz de conocer compañeros nuevos. Gracias por escucharme a mí y a José, mi abogado, que también defiende mis derechos.

Gracias señor juez. Voy por mi título: feliz