Pareja de trabajadores sexuales: sexo sin besos, regalos millonarios

Hace 1 minuto

Hoy Mile vive en un departamento con Francis y el hijo de ella, un adolescente de 17 años. Los fines de semana llegan los dos hijos de él, de dos exparejas distintas.

Francis y Mile tienen una cuenta de Instagram en la que se graban con anteojos inteligentes la llegada y la salida de sus encuentros con clientes. Sus planes para el futuro y la relación con sus familias.

Mile llegó a la despedida de soltero en Pilar sin haber publicado todavía una sola foto. Era su primera noche. "Ese día cobré lo que yo cobraba en un mes en la heladería", dice en diálogo con Infobae.

Pareja de trabajadores sexuales: sexo sin besos, regalos millonarios

Mile tenía trabajo en una heladería cuando la echaron. Una amiga ya estaba en el rubro y le dijo que había departamento, fotógrafa y página lista. El nombre de esa plataforma era Platinum. Antes de que subieran siquiera sus fotos, la misma amiga la llevó a hacer "los primeros manguitos" a una despedida de soltero en Pilar. Esa noche podían pasar varios clientes. Dependía de los que estuvieran y de los que quisieran pagar.

Mile y Francis son una pareja argentina que lleva cuatro años conviviendo como una familia ensamblada junto a sus hijos. Ambos trabajan como escorts/trabajadores sexuales y han construido un modelo de negocio en torno a su actividad: venden videos de visión única directos al cliente, hacen transmisiones y se han vuelto virales en Instagram mostrando la llegada y salida de sus servicios (ocultando los rostros de sus clientes) grabados disimuladamente con anteojos inteligentes.

Pareja de trabajadores sexuales: sexo sin besos, regalos millonarios

Grabaciones secretas con anteojos inteligentes: Francis utiliza anteojos con cámara oculta para filmar sin que los clientes lo sepan. Graba la entrada al edificio, las charlas en el ascensor, la salida y la cifra exacta que cobran, contenido que luego suben a sus redes sociales.

  • Cifras millonarias por noche:

    • Francis cobra $180.000 la hora (más $20.000 de seña) por servicios individuales a hombres (gays o héteros curiosos).

    • Por noches largas con matrimonios que consumen cocaína, la tarifa de la pareja sube a entre 2,5 y 3 millones de pesos.

    • Un cliente en Chascomús les paga $1.000.000 a cada uno solo por viajar una hora a atenderlo, aunque muchas veces se queda dormido al poco tiempo por lo que consumió

    • Un "Sugar Daddy" que les pagó un viaje a Río para toda la familia: Un cliente de 60 años se enamoró de Mile. Para evitar que la familia viajara en un auto viejo, les compró pasajes de avión y les alquiló un hospedaje en Río de Janeiro durante una semana para Mile, Francis y los tres hijos de la familia ensamblada. Finalmente la dejó porque ella se negaba a darle besos en la boca.

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  • $200.000 por una videollamada de 5 minutos sin ver nada: Un cliente les pagó esa suma por una videollamada mientras él tenía relaciones con su esposa. Solo los miró unos segundos y cortó.

  • Reglas estrictas e insólitas del servicio:

    • Sin besos ni penetración para ella: Tras sufrir desgaste emocional y "llorar en silencio", Mile dejó el sexo convencional. Hoy se dedica exclusivamente al BDSM (dominación y uso de juguetes), no da besos, no hace sexo oral ni recibe penetración.

    • Sin besos para él con hombres: Francis atiende mayoritariamente a clientes masculinos, pero aclara que no se considera bisexual, no usa viagra ni besa a los hombres porque "no le nace".

  • Clientes que pagan millones solo para hablar: Muchos clientes que consumen drogas no pueden sostener una erección, por lo que pagan tarifas completas solo para que la pareja los escuche hablar durante horas.

  • Consecuencias médicas extremas: Francis terminó internado en el hospital tras sufrir una severa infección que se le extendió a la bolsa escrotal y los testículos, producto de sobreexigir su cuerpo trabajando hasta tres veces al día, entrenar y tener sexo con su pareja.

  • La estafa de la mochila con la manzana: En una oportunidad, un cliente engañó a Mile diciéndole que bajaba al auto a buscar la billetera y dejó su mochila como garantía. Adentro solo había una manzana, una toalla y un cargador inservible; el hombre nunca regresó.

Al principio, la pareja abierta funcionaba sin fricciones. Él sabía desde el día de las fotos que Mile atendía hombres. Ella sabía que él quería experimentar con mujeres fuera del trabajo. Los primeros dos años no hubo celos por el trabajo.

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Los celos llegaron por otro lado. "Era algo fuera del trabajo y ahí te vienen los miedos - explica Mile-. La inseguridad de que te van a dejar, te van a cambiar por otro mejor. Todo cosa de mina, que también le puede pasar al hombre."

Él quería estar libremente con mujeres fuera del trabajo. Ella lo había aceptado desde el principio, pero después de dos años ya no aguantó más. Le dijo que o encontraban otra forma o ella también tendría que empezar a ver a otras personas fuera del trabajo, algo para lo que ya no tenía energía.

"Una vez que cobrás, el gusto se pierde. A menos que te enamores", sostiene la joven.

Cerraron la parte abierta de la relación. Hoy conviven. Él la lleva a los trabajos, la espera, la trae de vuelta.