Por momentos, la fotografía parece una escena de ciencia ficción. Sobre la superficie congelada de la Laguna Melliza Superior, en la zona de Caviahue-Copahue, miles de extrañas esferas de hielo cubren el paisaje mientras, sobre ellas, se despliega el arco completo de la Vía Láctea. Como si eso no fuera suficiente, en el mismo cielo aparecen las Nubes de Magallanes, la luz zodiacal y un intenso resplandor rojizo y verdoso provocado por la actividad atmosférica asociada a un período de fuerte actividad solar.
Detrás de esa imagen está la fotógrafa marplatense Alejandra Heis, especializada en fotografía nocturna, quien todavía se muestra sorprendida por lo que vivió en la cordillera neuquina la semana pasada. "Me tocó una noche increíble. Y eso que es difícil que todos los factores se unan para que uno pueda realizar la fotografía. Todavía no salgo del asombro", contó Heis en diálogo con Infobae.
La imagen logró reunir en un mismo escenario dos fenómenos poco habituales: las llamadas "ice balls" o esferas de hielo y uno de los cielos nocturnos más espectaculares registrados este año en la Patagonia. "Es un fenómeno muy poco habitual en el mundo y sucedió en Caviahue-Copahue por primera vez", remarcó la fotógrafa.
Un viaje que estuvo a punto de no realizarse
La historia comenzó mucho antes del disparo de la cámara. Heis había sido invitada especialmente por Cristian Laurín, responsable de Copahue Expeditions, quien conocía su trabajo y sabía que la fotógrafa marplatense tenía el deseo de registrar los paisajes de Copahue, una aldea de montaña en Neuquén.
"Él había escuchado que yo quería hacer una foto en Copahue. Como me manejo con una camioneta pequeña, en esta época ir hasta allá es complicado por la nieve y el barro. Me invitó desinteresadamente, me brindó alojamiento y toda la logística", señaló.
El viaje, sin embargo, dependía completamente del clima. Como ocurre con cualquier trabajo de fotografía nocturna, las condiciones meteorológicas son determinantes. "Yo tendría que haber ido unos días antes, pero como iba a haber mucha nevada decidimos esperar. Había una ventana de clima de dos días, el lunes 16 y el martes 17 a la noche. Después se nublaba y levantaba viento. Entonces dije: ‘Ahí voy'. Y no pude haber elegido mejor los días", recordó.
Esa decisión resultó clave. Mientras viajaba rumbo a la cordillera neuquina recibió una captura de pantalla que cambiaría por completo los planes de la expedición. "Cuando vi una imagen de las esferas de hielo no lo podía creer. Y automáticamente pensé: ‘Esto lo tengo que fotografiar de noche".
Inmediatamente, Heis le envió la imagen a Laurín y recibió una respuesta que la motivó por completo: "Me dijo: ‘Vos vení, cuando quieras te subo'. Y así fue".
El encuentro con las misteriosas esferas de hielo
Cuando llegó de día a la Laguna Melliza Superior, Heis quedó impactada por la magnitud del fenómeno. "Vi las esferas de hielo y eran tremendas", resumió sobre las formaciones que cubrían la superficie y llamaron la atención, incluso, a especialistas y habitantes de la zona.
Aunque inicialmente desconocía su origen, la fotógrafa comenzó a investigar junto a especialistas en meteorología. Según relató, "estas estructuras se generan cuando pequeños copos de nieve caen sobre agua que se encuentra cerca del punto de congelación". Explicó que "la acción combinada de las olas y el viento va agregando capas sucesivas de hielo alrededor de cada núcleo inicial hasta moldear una esfera".
El resultado fue impactante: miles de esferas incrustadas en una superficie congelada y compacta. "Era todo un bloque de hielo con las bolas incrustadas. Había gente que se había parado arriba, pero yo no lo hice. Para mí lo primero es conservar el lugar. Hay que cuidar esos fenómenos", destacó.
La propia fotógrafa reconoció que para suceda un evento natural de estas características deben coincidir numerosos factores ambientales. "Las condiciones deben ser muy específicas: la cantidad justa de viento, la temperatura adecuada del agua y una serie de variables que tienen que coincidir exactamente", especificó.
Una madrugada inolvidable y un cielo que parecía de otro planeta
Después de registrar el fenómeno durante el día, Heis regresó horas más tarde para buscar la imagen que había imaginado desde el primer momento. La expedición partió nuevamente hacia la laguna durante la madrugada.
Su marido, Nahuel Gómez, que la acompaña en prácticamente todas las aventuras fotográficas, también formó parte de este momento único e inolvidable "Somos equipo. La fotógrafa soy yo, pero entre los dos armamos todo el itinerario. Él me ayuda muchísimo y es quien suele volar el dron para hacer los registros", contó.
La fotografía definitiva fue realizada alrededor de las 6.30 de la mañana, con temperaturas cercanas a los tres grados bajo cero. Sin embargo, el frío terminó siendo apenas un detalle frente a lo que ocurría sobre sus cabezas.
Está fotografía de El Salto del Agrio en Neuquén fue elegida entre las 25 mejores fotografías de la vía láctea del mundo.
Si bien la presencia de las esferas de hielo ya era suficiente para construir una imagen extraordinaria, esa noche la atmósfera decidió ofrecer mucho más. Sobre el paisaje volcánico aparecieron simultáneamente el arco de la Vía Láctea, las Nubes de Magallanes y la luz zodiacal, un tenue brillo producido por partículas de polvo presentes en el Sistema Solar que reflejan la luz solar.
A eso se sumó un fenómeno conocido como "airglow" o luminiscencia atmosférica. "Había mucha actividad en el cielo. Ese resplandor de colores que se ve en la imagen es una alteración atmosférica", dijo la fotógrafa, quien trató de explicar el fenómeno con una comparación sencilla. "Es como si el sol fuera un tubo fluorescente. Cuando lo apagás, queda un resplandor residual. Bueno, algo parecido ocurre en la atmósfera", ejemplificó.
Heis recordó que días antes se había registrado una intensa actividad solar que, incluso, generó auroras australes visibles desde la Antártida. "Toda esa energía que deja el sol hace que haya más airglow. No es una aurora, pero sí una luminiscencia mucho más intensa", detalló sobre los tonos verdosos y rojizos que mostraba el cielo a simple vista.
La imagen final
La fotografía final no fue producto del azar. Como ocurre con gran parte de su trabajo, la imagen fue planificada mucho antes de llegar al lugar. "Cuando veo un paisaje que quiero fotografiar ya me hago una imagen mental. Una sola fotografía. Trabajo para esa foto", explicó Heis.
En este caso, la imagen definitiva fue construida a partir de una docena de fotografías unidas en una panorámica de 180 grados: "Son doce fotografías unidas. Seis abajo y seis arriba. Es una panorámica enorme. Lo que se ve es un paisaje de 180 grados".
La planificación incluyó orientación del terreno, posición de la Vía Láctea, condiciones meteorológicas, equipamiento y horarios exactos. "La fotografía nocturna se tiene que planificar. Tengo que saber el paisaje, la orientación, dónde va a estar la Vía Láctea y cómo va a estar el clima", especificó sobre esa búsqueda minuciosa que le dio una tremenda identidad a su trabajo.
"La diferencia de mi fotografía está en todo el trabajo que hay detrás, en pensar la imagen y trabajar para lograr una foto potente", remarcó.



