Ya pasaron seis años desde que Mara Gómez, la primera futbolista trans de nuestro país, debutó de manera profesional en Villa San Carlos. Desde entonces, se convirtió en una referente no solo para su colectivo, sino para quienes buscan abrirse puertas en una sociedad que, como ella describe, se torna cada día mas violenta.
Mara, flamante refuerzo de Quilmes, para la pelota en diálogo con Tyc Sports y repasa detalles de su carrera mientras expone distintas dificultades de la misma, una de ellas, la falta de sponsor en la división femenina del Cervecero, que busca patrocinador para solventar los gastos del equipo.
¿Por qué decidiste dejar Estudiantes después de tanto tiempo y fichar por Quilmes, que juega una categoría por debajo?
-Estuve cuatro años y medio en Estudiantes. Por cuestiones personales decidí hacerme a un lado por un tiempo. La verdad no tenía pensado seguir jugando, quería tomarme unos seis meses para acomodarme, pero lo pensé y mi entorno insistió en que no deje de jugar porque estaba en mi mejor momento futbolístico, entonces eso me llevó a buscar un club que me lleve a tener otros desafíos y ahí encontré a Quilmes.
¿Querés comentar esas cuestiones que hicieron que des un paso a un lado?
-Fueron cuestiones emocionales y de salud mental en el espacio que yo estaba trabajando como futbolista, entonces como no compartía o no había solución a esa situación que yo estaba viviendo decidí hacer un paso al costado. Faltaba un poco de comprensión, sentí falta de apoyo. Yo sufrí dos roturas de ligamentos cruzados en 2023 y en 2024. En 2025 después de dos años sin poder jugar por la recuperación me rompí la clavícula por lo que tuve que volver a operarme. Fue un año duro en el que estuve muy vulnerable emocionalmente y veía situaciones que no me gustaban y estaban direccionadas hacia una persona, por eso decidí no renovar aunque Estudiantes sea mi casa, lo que más deseo es volver porque tengo un sentido de pertenencia enorme.
¿Cómo llevas tu vida de futbolista mientras sos enfermera?
-Es la realidad de un montón de jugadoras en el fútbol femenino. No podemos vivir del deporte, capaz en Primera División. Yo tenía un contrato anual en Estudiantes al igual que otras de mis compañeras, pero igualmente para sustentarte te toca tener otro trabajo o una carrera. Yo hago un tetris con mi vida porque roto los turnos del hospital para poder entrenar y jugar los días de partido. No es fácil, pero es una costumbre en el fútbol femenino.
Has dicho que se estancó el fútbol femenino en Argentina, ¿por qué lo considerás así?
-En Primera A y en la Selección los resultados te marcan que ya no cuesta tanto competir tanto como antes y se ve el crecimiento, pero seguimos estando en pausa en lo estructural y en lo económico. En materia de poder vivir del deporte, hay cosas que siguen manteniendo el mismo ritmo lento que antes de que se aumente la competitividad, una de ellas es tener que hacer malabares para poder jugar y trabajar.
¿Y el panorama internacional cómo lo ves?
-A mí me gusta mucho ver el fútbol femenino europeo, al Barcelona o a la Selección de España con Aitana Bonmatí que viene de ganar su tercer Balón de Oro. La verdad que el nivel de Europa es muy profesional y rompe récords de asistencia constantemente, la actividad está mucho más desarrollada y me gusta saber que no en todos los países pasan nuestra situación, nos muestra a qué queremos aspirar: a tener ese crecimiento, su propia hinchada y estadio, y sobretodo a poder vivir del deporte.




