Luciano Benavides y su Dakar soñado

Hace 6 minutos

El salteño volvió a la Argentina y sigue de festejo tras una victoria épica en motos. "Tuve muchos momentos de pensar que no se me iba a dar nunca", dice

 "Me dormí en el vuelo de vuelta y me desperté con miedo por si lo que pasó no había sido real", dice Luciano Benavides, al lado de su brillante trofeo del Rally Dakar 2026 y una montaña de medallas. Es que la historia de su victoria entre las motos, por apenas dos segundos después de 49 horas de carrera y casi 8 mil kilómetros recorridos en dos semanas, parece mucho más un sueño que algo posible en la realidad.

Recién aterrizado en Buenos Aires este martes tras un largo regreso desde Arabia Saudita, el piloto salteño atiende a los medios -entre ellos TyC Sports- junto a su hermano Kevin, que estaba tanto o más feliz que las dos veces en las que él fue el ganador. "Hace dos meses lloraba conmigo en la habitación, pensaba que no iba a llegar. Yo le decía que sí", cuenta el mayor de los salteños (37), bicampeón en 2021 y 2023 sobre dos ruedas.

Ahora, Luciano (30) dice que está "casi entero, con algunos golpes nomás", pero poder largar arriba de la KTM 450 número 77 fue una carrera en sí misma tras una caída en Marruecos, a mediados de octubre, que le rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, los meniscos y sufrió una luxación acromioclavicular en el hombro. Tras esquivar el quirófano en la previa, reconoce: "Tengo que ir agendando un turno para cirugía".

"Para mí el Dakar empezó ese mismo día con la recuperación. Y encima en el shakedown (NdeR: las pruebas previas) me caí haciendo las fotos, pensé que se me acababa la posibilidad de largar la carrera. Me sacaron cuatro jeringas llenas de sangre de la rodilla", cuenta. "Ahí le dije ‘sos un pelotudo'", acota Kevin, sentado a su derecha.

"La lesión me ayudó a ganar mentalmente. Yo era un piloto que me comparaba todo el tiempo, hacía cuentas... Eso al final no te suma. Este Dakar lo corrí en paz conmigo mismo, mirando menos los resultados", agrega Luciano, antes de explicar cómo se vivió desde adentro el mejor final de todos los tiempos en la categoría más pareja y riesgosa. "Parece que los argentinos estamos hechos para sufrir hasta el final", empieza.

"En el anteúltimo día, con Ricky (Bravec, su rival de Honda) nos jugamos la vida. Terminó la etapa, quedé atrás y ahí me largué a llorar arriba de la moto por 10 kilómetros. Había hecho todo bien y se me iba la posibilidad. Era casi imposible remontar. Pero llegué al campamento con buena actitud, conversé con Kevin y me quedé convencido de creer hasta el final, de que algo iba a pasar", rememora.

Sin embargo, la última breve etapa -de 105 kilómetros- pintaba sin sobresaltos. Salió tan motivado como concentrado en ser su mejor versión, pero parecía no alcanzar. "Cuando iba por el kilómetro 60 o 70 y no lo veía, no pasaba nada... Parecía que estaba muy difícil. Entonces me propuse terminarlo fuerte por mí, para terminar con la frente en alto, tratar de ganar la etapa", recuerda.

El final de la historia es conocido: Bravec falló en la navegación a falta de 7km, quedó a orillas del Mar Rojo y entre tanto tiempo perdido dejó escapar los dos segundos definitorios, tan cerrados que parecían irreales. "Fue interminable ese momento mientras chequeaban los tiempos. David Castera, el director general del Dakar, me hizo seña así (levanta dos dedos de la mano derecha) y me dijo ‘ganaste por dos segundos'. Vi mi celular, la app y figuraba así. Y lloré: me pasó toda mi vida arriba de la moto por la cabeza", afirma.

"Esta victoria va a quedar grabada en la historia por la enseñanza de creer en uno mismo, contra todo tipo de adversidades. Tuve muchos momentos de pensar que no se me iba a dar nunca", completa quien recordó de inmediato "una vieja foto arriba de una KTM que tenía el número 9 cuando era chiquito". En su noveno Dakar (debutó en 2018, cuando todavía pasaba por Argentina), toda una señal.

¿Y ahora? "Este era mi mayor sueño. Les había prometido a papá (Norberto) y mamá (Isis) después del accidente de Kevin en 2024 que si ganaba el Dakar me retiraba", revela el séptimo rey argentino en la historia de la exigente competencia, aunque aclara que "van a tener que esperar un poco más" porque buscará "volver a ser campeón mundial", como en 2023 (además, un juvenil en 2019).

"Lo pasé a Kevin. Él decía que era más importante el Dakar y yo, el Mundial", chicanea. A su lado, el hermano retruca que "ahora es un empate", mientras vislumbran un futuro a la par pero más seguro en los autos. "A Luciano le digo ‘gato revoleado', porque siempre cae bien parado. Yo le estoy abriendo camino de nuevo", contesta entre risas quien tras retirarse del motociclismo corrió en la categoría Challenger y terminó 7°, con tres etapas ganadas.

Una hora de preguntas y respuestas después, los hermanos Benavides cumplen algunos compromisos más y nuevamente levantan vuelo rumbo a Salta, su casa. Una caravana desde el Aeropuerto Internacional General Martín Miguel de Güemes hasta el Polideportivo Delmi los espera. La verdadera llegada de esta travesía que arrancó hace casi un mes y quedará grabada para siempre.