¿Y si cambiamos la rutina y apostamos al amor? ¿Si nos jugamos por lo que sentimos y no por lo que pensamos? O mejor aún si pensamos que el amor nos hará mejores y pintará nuestra vida con colores de entusiasmo, de confianza, de alegría.
¿Si apostamos al amor y volvemos a vernos a los ojos para encontrar la esencia que reside solamente en la mirada? ¿Si elegimos encontrarnos unos con otros para reconocernos en las cosas simples de los días como una sonrisa o un "te acompaño"?
¿Si volvemos a jugarnos por dar rienda libre al conocimiento, a las palabras, a la ternura, a las charlas, a los proyectos compartidos? ¿Si por ahí, volvemos el mundo de cabeza y dejamos que sea el corazón el que en su latido marque el rumbo a seguir?
¿Si tratamos de dejar de poseer al otro y aceptamos que nadie es propiedad de nadie en las relaciones y, que todo se vuelve más rico si aceptamos con libertad que el camino es más suave si es acompañado por elección y no por obligación?
¿Si volvemos a aprender las lecciones eternas del amor y nos reconocemos como hombres y mujeres sensibles y deseables? ¿Si permitimos que la ternura se vuelva presente y dibuje futuros compartidos? ¿Si tratamos de amar, amándonos y en el proceso no olvidamos el respeto y la dignidad que conlleva compartir con otro?
El amor es aprendizaje siempre y está lleno de preguntas, lo bueno es que cuando vamos encontrando las respuestas no sólo hallamos el amor, sino que descubrimos el secreto de la eternidad.



