Hoy puede ser diferente. Simplemente con el convencimiento de que hay un universo que fluye a nuestro alrededor y del que, por ser parte, también somos dueños.
La vida nos tiene que sorprender un poco cada día. Desde lo simple de abrir los ojos hasta lo maravilloso que acontece cuando la naturaleza recorre su reloj de belleza. Habrá, seguramente, algunas tristezas, algo que no guste, un dolor inesperado o una palabra que hiera, pero también estarán los cobijos que fortalecen, las charlas que acompañan y los corajes que surgen desde las entrañas y nos permiten sortear las dificultades.
Nos pasan más cosas buenas que malas. Sucede que estamos acostumbradas a ellas y les restamos el valor hasta que estamos a punto de perderlas.
Aceptar la alegría, la fortaleza, la tranquilidad, la capacidad de nuestras manos para gestionar la abundancia son dones permanentes que nos dan felicidad. Reconocerlos es permitir que el día sea maravilloso y que lo disfrutemos sin culpa y con magia.



