Paulo Coelho escribía "Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos" y es esa ansiedad la que puede marcar la diferencia.
Miramos hacía atrás y comprendemos que la vida pasa; que los años suman números y nos hacen ganar experiencias; que no fuimos consientes en qué ocupamos los 365 días que pasaron y comprendemos, con sorpresa, que recordamos muy pocos. Por eso la tristeza del tiempo perdido o lo efímero que se vuelve el tiempo feliz.
La vida es una cuestión de conciencia, como los años. Son inevitables, nos demuestran que estamos vivos, que somos una constante que toma decisiones para bien o por las dudas, que mira, habla, siente, come, trabaja, duerme y ama.
La vida fluye, indefectiblemente, y los 365 días que pasaron pueden ser una experiencia memorable o un capitulo que no vale la pena releer, pero sin dudas ha sido, en primera persona, nuestra historia, nuestra emoción la que estuvo en juego, nuestra ansiedad y nuestras ternuras. Han sido los abrazos, las risas, las esperas y también las angustias y las perdidas.
Cada año con sus 365 días nos recuerda que somos parte de la vida y tenemos la obligación y la elección de recorrerla de la mejor manera posible. Por eso, dejemos que el 2026 nos sorprenda, estrenemos días cada jornada, valoremos el descanso de la noche, la construcción de lo cotidiano con confianza, con fe, con trabajo, con optimismo.
Demos a este nuevo año la posibilidad de emocionarnos, de atesorarlo
¡Vamos... el 2026 nos espera!



