Cambia la estación y de pronto, las emociones comienzan a transitar un recorrido más íntimo en un paisaje que inaugura una paleta de nuevos colores.
El otoño tiene mucho de poesía, busca el abrazo, reclama la ternura, intenta comprender el cambio que genera la pérdida de las hojas y nos lleva a recapitular los pasos del año que no se detiene en las estaciones.
A veces, sólo necesitamos una excusa para encontrarnos mirando más allá de las ventanas, proyectando nuevos caminos y sabiendo, a ciencia cierta, que el frío nos duele más en la carencia y en la soledad, por eso nos auto-abrazamos buscando cobijo.
El tiempo nuevo siempre es un desafío, es animarse a plantarse de frente a las realidades y, sin mentirse los problemas, reconocer que puede haber soluciones, nuevos planes y grandes recorridos para las cosas simples de todos los días.
Que este otoño recuperemos el amor, nos encontremos en los abrazos cálidos, disfrutemos del ocre de las hojas y tengamos la certeza que nosotros, como la naturaleza, nos metemos hacia dentro para fortalecer la vida y renacer en cada primavera.



