El próximo jueves 8 de enero en Casa Limón, la Casa del Tambor, que está ubicada en Bombal 148 se presentará el nuevo show de bufonería de Lechu Zowie titulado "Miki Rurk, la burla de los pequeños desperfectos". Pero ¿Qué es un bufón y cómo Lechu se transforma en el personaje y cómo la vida se mete en el arte y lo convierte? fueron algunos de los temas que InfoYA! comparte con sus lectores en esta entrevista.
Para alguien que no conoce tu trabajo, ¿qué es Miki Rurk y qué tipo de espectáculo se va a encontrar?
Es un monólogo de un personaje monstruoso y bello a la vez. Un ser que aparece solo, en escena con pequeñas historias, reflexiones, mucha poesía y una mirada frontal al público, rompiendo cualquier idea de cuarta pared. Es una bufonería: el público es el rey y el bufón tiene una misión clara, hacerlo reír... o perder la cabeza en el intento. En ese juego el texto que se dice es vertiginoso y se filtran sarcasmos, opiniones cínicas, una mezcla constante entre lírica poética y la blasfemia sobre el rock, el amor y la noche. Una sola persona en escena poniendo el cuerpo, el gesto y toda la potencia del lenguaje para decir algo simple y brutal: los marginados, los rotos, los idiotas aqui tienen su lugar. Este es su recital. y vienen a reírse de quienes los expulsaron de la sociedad, para que esta se vea limpia, correcta y prolija.
Es un unipersonal de bufón. ¿Qué significa eso en escena?
Soy payaso. Llevo años trabajando solo, es decir, con mi cuerpo y mi ritmo como única escenografía. En estos últimos años, viviendo en Córdoba, tuve la fortuna de profundizar en la filosofía y entrenamiento del bufón, algo que ya dialogaba hace tiempo con mis lecturas de siempre: Alejandro Urdapilleta y Enrique Symns, dos artistas underground de una prosa tajante y hermosa, Pero después de talleres y libros apareció esta manifestación
¿Por qué te interesa ese lenguaje?
En este lenguaje encuentro una libertad absoluta para compartir y provocar desde territorios incómodos: la locura, la enfermedad, la soledad. Me pienso como un ser apolítico en un universo tecnócrata que no me incluye, que me repele, pero logré reírme de todo eso en forma lúdica, con el público como cómplice. Mis monólogos son heridas que exorcizo a través de la risa y del ritual pagano de componer poesías con retazos de canciones y literatura under.
El humor es central en la obra. ¿De qué nos vamos a reír durante la función?
El espectáculo todavía está dando sus primeros pasos. Y algo que aparece con fuerza es que cada espectador se ríe de algo distinto. El bufón te lleva primero a la caricia, y cuando menos lo esperas aparece un fuerte sacudón, pero afectuoso. Puede rozar la melancolía con un monólogo y al instante levantar todo con una poesía absurda que desconcierta y provoca disfrute. Es un trío adrenalínico: humor, poesía y cuerpo. Un recital tan impredecible como provocador.
El subtítulo habla de "la burla de los pequeños desperfectos". ¿Qué son esos desperfectos y por qué ponerlos en primer plano?
Porque siento que, en el mundo de la infocracia, hemos perdido rebeldía y provocación. Creemos que con un posteo podemos cambiar el mundo, pero solo regalamos nuestros datos al gran hermano. Los pequeños desperfectos son travesuras en la vida real, mínimas, cotidianas, íntimas. Micro-revoluciones. Boicots simples que, de forma anónima y acumulada, van taladrando la estructura de todo aquello que te oprime, ya sean personas o situaciones.
O sea, al mal tiempo ¡buenos bufones!
Algo así. Bufonear la realidad todos los días. No dejarse dominar. Dar pequeñas estocadas. Burlarse de la perfección, de la eficacia, de la productividad obligatoria. Sabotear el plan de la seriedad, de lo aburrido y lo monótono con la carcajada.
Miki Rurk es golpeado pero vital. ¿Cómo nace y qué tiene de vos?
El bufón es un monstruo que habla de cuánto le duele el mundo. Una criatura torcida: jorobas, malformaciones, miembros amputados. Así eran los bufones históricos, usados para divertir a las cortes por su histrionismo o expulsados fuera de la ciudad por su fealdad. Mickey Rourke siempre me fascinó: sensual, rebelde, pendenciero. Con una maestría para componer personajes border, Hollywood lo besó, lo exhibió, lo aplaudió, y luego no supo qué hacer con un boxeador que bajó hasta el barro y lo liquidó. Él volvió, se insertó en el circo y su confesión trajo la potencia invencible, la de la resurrección. Los bufones no tienen nada que perder, por eso son invulnerables. Mi maestra de bufón me transmitió algo hermoso: los bufones, siendo monstruos, tienen nombres de celebridades, así juega lo cómico. Este show nació como Miki, Porque me habitan Symns, Rourke, Bukowski, cómo dijo Luca Soy Un perdedor hermoso.
Tu trabajo cruza poesía, cuerpo, música y risa. ¿Qué artistas, lecturas o músicas dialogan con este espectáculo?
Urdapilleta está siempre presente con su prosa maldita. Symns desde Cerdos & Peces, que para mí es como el I Ching de los rockeros malditos. También aparecen poemas de IOSHUA, un poeta porteño absolutamente border, con una poesía brutal, incómoda y tierna. Su obra le dio voz a los pibes gays de barrios pobres; libros como Pija, birra y faso o Cumbigey me fascinaron profundamente. Y Omar Chabán, más allá de Cromañón, fue un performer extraordinario, un delirante hermoso del under, alguien que dejó joyas escénicas que todavía merecen ser rescatadas.
El rock siempre fue un espacio de rebeldía y verdad incómoda. ¿Qué relación ves entre el espíritu del rock y el bufón?
Vengo del rock y del underground argentino de los 80, post dictadura. Compongo mis monólogos imaginando que paso un portal en el tiempo donde el teatro y el rock eran el mismo, un engrudo con sabor a pogo. El Parakultural, Cemento, Batato Barea recitando con Tom Lupo, Las Gambas al Ajillo compartiendo escena con Sumo, el mimo punk Geniol con Luca Prodan, Enrique Symns teloneando a Patricio Rey. En el show juego a volver a ese pastiche donde todo estaba mezclado y vivo.
En un contexto social y cultural complejo, ¿qué lugar creés que ocupa hoy el teatro independiente?
Un lugar bajísimo y casi moribundo. Hoy los teatros los llenan los influencers y youtubers. La palabra "independiente" muchas veces es una etiqueta cool. Mi humilde opinión es que la verdadera resistencia está en el arte callejero y en la poesía escrita en papel. Ahí todavía hay riesgo real. Cómo mi amigo Che Barro que un día sacó su máquina de escribir a la calle, y tecleaba poemas para los paseantes desprevenidos que quedaban enamoradísimos.
El humor muchas veces incomoda y roza la censura. ¿Cómo se hace humor sin perder libertad ni potencia?
Mi humor es contar mis miserias, mis dolores y a veces la gente se ríe, otras devuelven un silencio reflexivo. Ahora mismo no entiendo el mundo que además me satura por no tener mis shows en YouTube o mis poemas en TikTok. No creo en pasteurizar el humor para no incomodar. O dar todo masticado por miedo a la ofensa. Si hay censura de seguro suele caer siempre sobre el mismo lugar: algún artista under, en un teatrito de mala muerte en un barrio y le tiran con de todo.
Mientras tanto, en el circuito del establishment en podcast, stand up, series circula un material verdaderamente dañino y nadie cuestiona nada porque es lo "cool". Comediantes, camaradas Mi consejo es simple: morir de pie. Ponerle límites al humor es estar jugando para el enemigo.
Para alguien que duda si ir al teatro o quedarse en casa, ¿por qué salir a ver Miki Rurk?
A quien esté dudando le diría que venga como quien entra a un bar sin plan, empujado por la curiosidad. Uno nunca sabe si va a pasar algo inolvidable o apenas una simple charla, pero entra igual porque ahí todavía puede suceder algo. El arte en vivo tiene ese vértigo: no está cerrado, no está terminado, respira con la gente. Los bares y el "en vivo" son los bosques que le quedan a lo aburrido de la ciudad. Lugares donde todavía se pierde el tiempo, se escucha al otro, se corre el riesgo de emocionarse. Miki Rurk vive ahí: en ese cruce frágil entre risa y poesía, donde no todo está controlado y justamente por eso vale la pena estar presente.



