Nuevamente se presenta la obra unipersonal creada, actuada y dirigida por el talentoso mimo y actor Lechu Zowie "La trama del hilo rojo" en Casa Magnolia -Sarmiento 2290- con entrada libre y salida a la gorra.
¿Qué se va a encontrar el público cuando entra a la sala?
Se va a encontrar con un espectáculo de teatro físico, de mimo y pantomima, donde el cuerpo es el que toma la palabra. Hay humor, sí, pero también hay muchos cuadros y rutinas donde entramos en la fibra más sensible del ser humano. No es un show para mirar de lejos: es una experiencia que te roza, que te toca, que te atraviesa.
El mimo suele asociarse al silencio, pero acá la música es protagonista.
Claro, porque el mimo no es el arte del silencio, es el arte del gesto. En La trama del hilo rojo la música acompaña todo el tiempo. No está de fondo: empuja, sostiene y tensiona la escena. Gabo Ferro, Dorian Maronich y Claudio Barro atraviesan el espectáculo, generan climas que movilizan al público mientras un cuerpo se retuerce, se contorsiona, se expande y se deja atravesar.
El cuerpo parece estar en el centro de todo.
El cuerpo es el territorio principal. Un cuerpo que atraviesa emociones, que se rompe un poco, que se vuelve frágil y después potente. No hay personajes cerrados ni relatos lineales: hay estados, cuadros, imágenes que van apareciendo y desapareciendo, como recuerdos o impulsos.
¿Dónde entra el humor dentro de una propuesta tan sensible?
El humor es una puerta de entrada. A veces es alivio, a veces es ironía, a veces es una carcajada que se corta de golpe. No es humor para distraer, es humor para habilitar. Para que después duela un poco más, o emocione de otra manera.
¿Cómo dialoga tu trabajo con las modas actuales?
Después del show viene mucha gente que ve lo que está de moda en YouTube y me dice: "Tenés que hacer como tal" o "como cual", porque está de moda y es cool. Y lo digo sin vanidad: eso que me piden yo ya lo vengo haciendo hace quince años.
¿Ese título también es una forma de posicionarte?
Totalmente. Es darme ánimo, sacar pecho, reírme un poco de mí mismo y plantarme. Si no, te comen las marquesinas de lo aceptado.
¿A quién invitás a ver La trama del hilo rojo?
A todos. A los que nunca vieron mimo, a los curiosos, a los que piensan que el teatro no es para ellos. Venís, te sentás, mirás, te reís, por ahí te emocionás. Es para compartir y dejarse llevar.



