Un día cualquiera entendemos que somos lo que somos: hombres, mujeres. Personas. Somos oportunidad y potencialidad. Somos vida y plenitud. Sin importar el uso que hagamos de nuestra esencia somos, no lo que nos muestra el espejo sino, lo que sentimos de nosotros ante nuestro reflejo.
Subimos a la montaña para estar más cerca del cielo, y tocamos la tierra para tener la certeza de que somos parte de del suelo que habitamos. Buscamos el secreto, la magia más allá de nosotros hasta que entendemos que el misterio no es tal, sino que hay que encontrarlo en nuestro interior.
El amor da sentido, es nuestra génesis, está en lo que somos y en lo que damos.
Cuando sintamos que el reflejo del espejo nos pinta un signo de pregunta, seamos honestos en la respuesta y ejerzamos la magia que todos tenemos dentro.
Marcar la diferencia es amarnos incondicionalmente para poder, a partir de ahí, expandir el amor a los otros y... encontrarnos.