Fernando Carpena (55) ha publicado "Las Mudas" su 7° libro y está en el ranking 10 de Cúspide una de las más importantes librerías editoriales del país. Una nota de InfoYA para recorrer su palabra con palabras y descubrir al hombre que sueña grandes historias.
Nació en Buenos Aires, pero hace 20 años que vive en San Rafael con su familia, trabaja haciendo arte para videojuegos y en sus ratos libres le gusta escribir, leer y cocinar.
¿Por qué escribís?
Es una linda pregunta y como pasa con las preguntas buenas, las respuestas van cambiando con el tiempo. Este quién soy ahora escribe para equilibrar el mundo que me rodea, para crear un espacio que castigue y abrace a los que merezcan castigos y abrazos y para que no se me oxiden las palabras y la capacidad de pensar. Escribir te obliga a ejercer muchas disciplinas, muchas de las cuáles no están muy de moda: empatía, memoria, capacidad de reordenar los elementos que te rodean de formas novedosas y, sobre todo, la disciplina de no permitir que la vida te obligue a enterrar las emociones.
¿Cuál es tu público?
Por supuesto que cada libro tiene su público objetivo. Este nuevo libro que acaba de ver la luz, "Las mudas" de Ed. Diotima, está pensado para un público adulto, lo mismo que en anterior "Una bolsa llena de ojos" de Leo Libros, una lindísima editorial de Mendoza de Alejandro Frías, que son relatos de terror.
Es un policial muy argentino y muy crudo, con mucha violencia, pero con personajes complejos y queribles. En otras oportunidades, he escrito para un público más juvenil. Pero más allá de las edades, siempre escribo para quién quiera encontrar en un texto un desafío y una sorpresa. Lo más lindo que te puede pasar con un libro es que el escritor quiera desafiarte: que te haga un giro inesperado en el argumento, que te desconcierte para ponerte a prueba, que te obligue a ponerte en contacto con tu costado sensible. Ese público, que disfruta de la literatura como herramienta para mantenerte humano, es mi público.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Siempre es complejo encontrar el primer paso del proceso creativo, pero supongo que todo pasa por, en un comienzo, ir por la vida sin auriculares. Ver lo cotidiano, desarticularlo y volverlo a armar de formas novedosas. A partir de ahí, es darle un entorno: crear personajes que encajen con esta situación, crear en sí mismas las situaciones y crear luego (tal vez lo que más me cuesta), el camino narrativo para ir de una situación a otra.
Me sirve ponerles cuerpo a los personajes, es decir, buscar fotos de actores, deportistas, lo que sea, no importa la profesión si no el físico, para ponerle rostro a las criaturas que salen de mi mente y ahí sí, largarse a escribir. Terminado esto, viene un tiempo de dejar descansar el texto y luego retomarlo y empezar la corrección: sacar partes innecesarias, ver si todo fluye, cambiar diálogos que se sientan artificiales. Todo lo que implique pulir y mejorar.
¿Cómo combinas la vida cotidiana con la escritura?
Con cierta dificultad, debo decir. Me levanto temprano y me organizo el día para poder disponer una o dos horas para poder escribir. Me siento más productivo a la mañana, por lo cual, cuando mi familia se va a colegio y trabajo, encuentro en ese momento mi mejor momento. Pero, claro, no siempre se puede: cosas del hogar para hacer, compras, hacer algo de ejercicio como para no quedarse duro y una larga lista de etcs. Lo que sí te puedo decir es que, día que no escribo, lo siento en el cuerpo. Ya se me ha convertido en necesidad.
Ya has publicado 7 libros ¿Del primero al último cuál te ha gustado más?
¿Puedo decir todos? Bueno, en serio, hay algo de compromiso emocional que me acerca más a un libro que a otro.
Volqué gran parte de mi historia en "Pasa tanto en Pasatanto", libro juvenil que ganó el premio Vendimia algunos años atrás. Es el día de hoy que lo leo y me emociona. Y "Las mudas" tiene también componentes de gente conocida y de situaciones de mi adolescencia que me hacen tenerlo alto en el top 7.
¿Cómo se vende un libro?
¡Ja! ¡La gran pregunta! Si lo supiera, te estaría escribiendo esto desde mi mansión en las colinas de Los Ángeles, tomando un Martini. Lo que sí te puedo decir es que el texto solo no alcanza y eso es lo agotador, dada la personalidad de los escritores, que no somos muy gustosos de la exposición. Antes la fórmula era: "Sale libro. Alguien lo descubre. Alguien lo reseña. Se vende más. Funciona el ‘boca en boca'. Se sigue vendiendo. Te convocan de algunas radios". Hoy cambió a: "Sale libro y a nadie le importa. Empieza la carrera para lograr que algún booktuber, instagrammer o TikToker lo recomiende. Además, se busca alguna nota en los diarios grandes. Se hacen reels para las redes leyendo partes. Se ruega por un buen ‘boca en boca'. El libro se empieza a vender. Tus ventas están atadas a las redes, en su mayoría. Hoy primero se promociona y luego tu libro empieza a existir. Reglas del juego de la época de internet. Incluso si le preguntás a la inteligencia artificial, te diseña un plan de cuatro semanas con objetivos a lograr en cuanto a contactos que garanticen, dicho entre comillas, que tu libro empiece a resonar en las cabezas de los lectores.
¿Has ganado dinero con la literatura?
Algo, no demasiado. No tanto como para poder dedicarme a esto. El dinero que se obtiene por los contratos con editoriales todavía tiene sabor a poco: un pequeño porcentaje del precio de tapa, y eso cada seis meses, lo cual, en un país con inflación, te deja monedas. Pero, tener cierta reputación y algún libro en la calle, te permite acceder a otro rango de posibilidades: ser jurado en algún concurso, dar alguna charla, viajar a alguna presentación de libros. NO digo que no se pueda ganar dinero con la profesión de escritor, pero es un camino para pocos y hay que dedicarle un tiempo que no poseo. Por ahora, disfruto el viaje y la informalidad que me permite el no depender de la escritura para vivir.
¿Soñas alguna vez con ser solo escritor?
Es un sueño oscilante, pero sí. Cada tanto, cuando estás en un estado de inspiración, fantaseás con que tus días sean eso: sentarse a pensar, a escribir, a contar historias. Luego hacer algún viaje a lugares lindos a hacer las consabidas presentaciones, a charlar con tus lectores. Es bonito eso. Tal vez, conociéndome, me pueda llegar a cansar esa parte que involucra lo social y la exposición, pero el poder crear mundos y pensar destinos es una idea muy seductora.
Ahora hablemos de Las Mudas. ¿Qué cuenta y cómo lo hace?
"Las Mudas" es un policial. Comenzó con la idea de un viaje que fuera un descenso a los infiernos metafórico y luego, la posterior redención. Pero claro, eso había que encuadrarlo en una situación que mereciera ser contada. Y encontré en la creación del personaje de Adrián Castellano, un abogado con mente brillante, pero con pocas ganas de usarla, la oportunidad perfecta.
Castellano encuentra en el cargo de ser quién maneje los papeles legales del Dust, un club nocturno porteño amado por la farándula y regenteado por el inclasificable Tato Vayate, el sueño de su vida. Ahí, por algo de dinero, se puede encontrar compañía femenina y buenos tragos. La estrella del lugar es Iris, una chica hermosa venida de Misiones, salvaje y desesperada. Castellano no puede evitar fascinarse con ella y eso va a ser el disparador de una serie de situaciones que van a poner su vida en peligro.
El libro está contado en tercera persona, saltando ida y vuelta en un período de ocho meses entre Buenos Aires y San Rafael, con un cierto desorden lógico que cuenta el por qué de algunas acciones y las consecuencias. Balas y violencia no faltan, así como momentos de una amistad tierna entre Castellano y Esther, una ex trabajadora del Dust.
Está pensado con una óptica cinematográfica y no hay quién lo haya leído que no me haya dicho que sentían que estaban viendo una película.
La sinopsis del libro dice: Castellano sabe que puede morir hoy y, pese a ello, prefiere ese destino a verse en el espejo. ¿Qué ve Castellano que vos ves?
Ve en lo que se convirtió y ve la oportunidad de volver a ser alguien digno. Ve que vendió el alma por algo que al final no era tan espectacular. Ve que tiene miedo y ve que tal vez debería dejar todo como está y seguir viviendo con la carga de ser un miserable. Ve todos sus destinos y ninguno le agrada.
¿Dónde lo podemos adquirir?
Este libro tiene distribución nacional a través de la cadena de Librerías Cúspide, o sea que se puede conseguir en sus locales e incluso pedirlo por internet. También está en la librería Eterna Cadencia que también hacen envíos. Y por Mercado libre. Solo se busca como "las mudas" y les va a aparecer esa linda tapa roja con un zorrito como artesanía mexicana y algunas balas a su alrededor. La buena noticia que recibí es que se está vendiendo maravillosamente bien y está en altas posiciones en los rankings de popularidad de Cúspide, lo cuál es excelente.
¿Qué viene ahora?
Estoy aún trabajando en una novela distópica que está en proceso de corrección y luego viene una novela de terror, género que me fascina. El terror ejerce un magnetismo tremendo en la gente, porque nos permite probar el miedo desde un lugar seguro. Es como subirse a la montaña rusa. Pensás que vas a morir del espanto, y luego, con los pies en la tierra de nuevo, te reís aliviado.
Un fragmento de Las Mudas que el autor nos dejó en exclusiva para InfoYA!
"Las hermanas Mallo se habían peleado toda la vida. Juguetes en la niñez, amores en la adolescencia, envidia a todas las edades. Se dedicaron a la rivalidad con tal esmero que todo lo demás perdió brillo. Una se casó y le duró poco, la otra intentó la docencia, nomás porque le quedaba cerca.
Los hijos no llegaron por ninguno de los lados, para secreto beneplácito de su madre, que se garantizaba así la compañía hasta que el fin le tocara el timbre. La señora cultivaba el dogma cruel al que suscriben muchas madres: dedicar la mitad de su existencia a su prole y usar la otra mitad para vengarse por eso. Como en el caso del huevo y la gallina, no sabemos si a las hermanas, tanta competencia y esa progenitora asfixiante les agriaron el carácter o, de tan agrias, se ganaron sus futuros.
Cada una se compró su propio techo, con teléfonos a mano, porque la madre no les perdonó la distancia y exigía atención y presencia. Cuando un día entero, con todos sus minutos, transcurrió sin mensajes, se ilusionaron con que algo estaba mal. Y lo estaba. La madre se había resbalado en la ducha de una manera tan eficaz que hubiera sido una pena no morirse.
La Policía lo resumió como accidente casero, de los evitables con una alfombra de goma. Esa fue la estocada final de una madre que no se iba a ir sin morder. Tres días antes, les había vaticinado: "Chicas, una alfombrita para el baño, de esas baratas, quiero. Un día de estos me voy a romper la cabeza y ahí van a decir que yo tenía razón".
El departamento de cuatro ambientes en Caballito, balcón a la calle, lavadero, vacío ahora de almas, aunque no de mobiliario, sirvió para que las hermanas volvieran a odiarse. Nada como una herencia para agitar los rincones más sucios del alma. Una quería conservarlo; la otra, venderlo. Alguien les recomendó el estudio de Ramón para lograr aquietar las aguas. Lo único en lo que se pusieron de acuerdo, por pura desconfianza, fue que las llaves quedaran en posesión de los abogados. Y así se hizo.
Ramón delegó la tarea en su primo, para hacerle un favor y porque su paciencia era alérgica a este tipo de conflictos menores. Castellano aceptó gustoso. Sin mayores esfuerzos que tolerar a esas harpías, tuvo en sus manos un departamento donde atender con soltura a las chicas de Yerbal".



