Después de algún tiempo...

Hace 3 minutos

Memorias del Alma / por Susana Platero

Después de algún tiempo nos damos cuenta que el tiempo pasa y nos ponemos grandes.

Que algunas cosas nos duelen más que otras y que lo que hoy nos emociona, ayer nos parecía una pavada.

Hay días en los que uno se siente un poderoso rey y otros en los que una hormiga es gigantesca ante nuestro ánimo.

Después de algún tiempo nos empezamos a acostumbrar a los hechos que otrora nos dolían y transitamos los presentes sin emoción ni sorpresa.

Un día cualquiera nos damos cuenta que los dolores se alojan en las entrañas y tienen una fuerza inusitada. Entendemos de golpe, (y sin golpes) que necesitamos del amor para derribar todas las barreras y para hacer resurgir la esperanza.

Hay guerras, dolores, penas y penitas a nuestro alrededor. Hay preguntas, pero también hay respuestas a las que hay que animarse a escuchar.

Vivir cada día es más complicado, pero aun así puede ser una experiencia maravillosa mientras recordemos el proceso de sentir y sorprendernos.

La paz, como requisito indispensable, tiene que estar primero en cada uno de nosotros para poder reconocerla en los otros. Cuando ella anida en nuestra vida, el entorno adquiere la dimensión de abrazo y podemos sentirnos contenidos y responsables por la construcción del mundo que deseamos.

Desde la luz o las sombras, desde el dolor o la alegría, el amor o la amargura están los círculos concéntricos que nos dan forma y nos reúnen.

Aprendemos que el cariño de la familia aleja las orfandades; que un beso de amor no es un contrato ni una promesa sino una elección y, que un juicio impulsivo puede cerrar las puertas que pretendemos tener abiertas.

Después de algún tiempo entendemos que ahora es el tiempo de estar y que mañana puede no tener lugar para nosotros.

Vivir significa desafío y memoria. Ejercer la humanidad, conscientemente, nos puede llenar el vacío que se apena en el pecho sin permiso.