¿A quién vemos cuando nos vemos?

Hace 3 minutos

Memorias del Alma / por Susana Platero

De tan acostumbrados que estamos de vernos a veces nos olvidamos de mirarnos a los ojos y encontrarnos el alma en las pupilas.

Vernos al espejo es la única forma física que tenemos de conocernos, así sabemos la forma de nuestro rostro, el color del cabello, la nariz, la boca, el cuerpo, lo que los demás ven de nosotros, pero usar el espejo del alma seguramente nos permitirá gestar lo que en realidad somos más allá de la imagen que brindamos.

Mirarnos de frente al espejo es un gran recurso para recordarnos quiénes somos, para ver cómo cambiamos, para intentar hacer coincidir nuestra imagen con la percepción que tenemos de quiénes somos.

Una mirada frontal nos puede reflejar el cielo de los sueños, la sonrisa que brilla en los ojos de la esperanza, la luz de la piel cuando estamos enamorados, la felicidad que se expande en sonrisas.

Vernos las sombras también se refleja en los espejos. La tristeza que no se disimula, la mueca que apenas se esboza, los ojos que no brillan salvo por las lágrimas o la desesperanza, la postura que carga con la sombra de una pena que, a veces, no sabemos que cargamos.

Hagamos el esfuerzo de vernos de frente, de decirnos que somos importantes, valiosos, lindos, plenos. Recordemos ante nuestra imagen que podemos ser felices, plenos, útiles, necesarios, importantes. Gritemos, si es necesario, que estamos acá, que nuestra vida vale la pena y que, seguramente, el mundo no sería igual sin cada uno de nosotros.

Un poco de amor hacia nosotros, de nosotros y por nosotros puede empezar tan sólo si nos miramos, de verdad, ante el espejo.