Un lugar donde volver

Memorias del Alma / por Susana Platero

Es bueno saber que tenemos un lugar al que volver. Un espacio que nos contiene y nos reserva el área de calma y seguridad que necesitamos.

Nos vamos todo el tiempo. Salimos. Andamos. Transitamos. Entramos. Giramos en círculos cotidianos sin contener un instante para agradecer el lugar del descanso o del retorno.

Sin importar cómo sea el terreno al que vuelvas, retornar significa adueñarse del tiempo que nos destinamos para ser nosotros sin excusas. Volvemos cuando terminamos pero también regresamos cuando empezamos y aunque parezca un juego de palabras, tener un destino es darle sentido al camino. Un trabajo, una familia, un amor, los amigos, un paisaje, una mascota, el sitio donde nos sabemos dueños de nosotros mismos y nuestras circunstancias.

Siempre se puede cambiar el rumbo. Cualquier día es bueno para virar el sendero y dejar aquello que ya no nos sirve, que nos hace daño y nos detiene. Encontrar el coraje también es parte del camino para volver a encontrarnos en la senda.

Y cuando volvamos. Cuando nos encontremos sacándonos los zapatos para pisar suelo conocido, cerremos los ojos y demos gracias, esa palabra mágica, especial y poderosa que significa "reconocer el favor de Dios" en cada momento, por los que nos esperan, por los que se alegran, por nosotros mismos que tenemos la gracia de tener un lugar donde volver.