Tiempo de buenos deseos

Memorias del Alma | por Susana Platero

Terminó la época de "las fiestas", ese tiempo donde los saludos sonrientes y los buenos augurios estaban a la orden del día. A partir de ahora, nos quedan algo así como 350 días, para esperar que a todos nos vaya bien o para anhelar que el amor sea el protagonista en las familias y en las personas.

Todos los días deberían ser "tiempo de buenos deseos", porque cuando deseamos que a los demás les vaya bien, también nos ira bien a nosotros. Cuando sentimos que en lugar de un gesto de desprecio o de hastío aparece el brillo de una sonrisa o la emoción de una mirada, la jornada indefectiblemente varía porque no somos inmunes al buen trato ni a la ternura que trascienden el presente con su luz y se vuelven esperanzas.

Ser buenos y compasivos nos ayuda a superar las complicaciones cotidianas, porque no significa que no comprendamos los conflictos y los problemas que todos tenemos, por el contrario es apelar a un recurso mágico que abre ventanas a la esperanza y nos llena de coraje para emprender cualquier batalla.

El año será complejo; se avecina difícil; habrá pérdidas y dolores, pero también habrá alegrías, los niños seguirán jugando por las veredas y el amor se abrirá paso por todos los resquicios para iluminar con su llama la oscuridad más profunda.

Tal vez el deseo parezca un poco ingenuo en la voracidad de la realidad, pero son las pequeñas acciones las que cambian los designios y en una de esas, podemos usar algunos de los "días de apatía" y convertirlos en "días de esperanza" para construir un presente mejor y venturoso para cada uno de nosotros... y creerlo.