No podía quedar embarazada y la decisión de su amiga le cambió la vida
Tras años de tratamientos, pérdidas y una experiencia de subrogación, Luciana volvió a cumplir su deseo de formar una familia gracias al gesto de una persona clave en su vida
"Estas páginas tratan sobre una historia de amor. ¿Y qué tendría de particular una historia de amor a esta altura de los acontecimientos? Tiene de especial que se refiere a una historia verdadera y única", rezan las palabras que dan inicio al prólogo de Todas las Maternidades, el libro con el que Luciana Altobelo intentó contar cómo fue su camino a la maternidad: con tratamientos, pérdidas, miedos, intentos frustrados y muchísimo amor.
Nada en su historia fue simple ni lineal. En el recorrido también aparecen Emanuel, su pareja; Ina, la gestante de su primer hijo; Salvador; Coty, su amiga del alma; y Vicente, el hijo de ella. Porque esta contadora pública nacida y criada en Río Cuarto tuvo que atravesar obstáculos físicos, emocionales y legales para cumplir el deseo más profundo de su vida: ser mamá.
El reencuentro y la urgencia de maternar
Como muchas historias de amor, la de Luciana y Emanuel empezó cuando eran adolescentes en Río Cuarto. Después, la vida los separó: él se mudó a Córdoba Capital y ella se instaló durante años en el sur del país. Hasta que en 2016, una operación de la madre de Luciana la llevó nuevamente a su ciudad natal y a reencontrarse con aquel viejo conocido.
Para entonces, Luciana ya había intentado ser madre con una pareja anterior. Había atravesado tratamientos de fertilidad y también un aborto espontáneo.
Junto a Emanuel retomó la búsqueda. Primero llegaron los tratamientos de baja complejidad; después, los de alta complejidad. En 2019, tras una transferencia de fecundación in vitro, lograron el ansiado embarazo. Pero el 30 de diciembre Luciana volvió a sufrir una pérdida. "En la misma semana y casi a la misma hora en que había perdido el embarazo anterior", recuerda todavía con precisión.
Después de una década de tratamientos, de un cuerpo agotado y de un endometrio que ya no respondía, entendieron que había llegado el momento de buscar otro camino. Así apareció una última posibilidad: la subrogación de vientre.
Un milagro a 16.000 kilómetros
Con más preguntas que certezas, la pareja viajó a Ucrania el 10 de enero de 2020. En Kiev dejaron su material genético en una clínica y regresaron a la Argentina. Meses después, en abril, recibieron la noticia de que Ina, la mujer que iba a gestar a su hijo, estaba embarazada.
La experiencia estuvo atravesada por la pandemia, la distancia y el miedo constante de Luciana a volver a perder un embarazo. Pero el 4 de febrero de 2021, con apenas 34 semanas de gestación, nació Salvador.
"Me convertí en mamá a 16.000 kilómetros de distancia, sosteniéndome de un milagro: mi hijo respirando y yo muerta de miedo", recuerda emocionada.
Doce días después del nacimiento y tras superar restricciones sanitarias, Luciana y Emanuel viajaron durante 26 horas con barbijo para conocer finalmente a su hijo. Salvador pesaba apenas 2,1 kilos cuando se lo entregaron. Después de un mes de cuidados intensivos en Kiev, pudieron volver a Río Cuarto y empezar su vida como familia.
Olivia y el embarazo "en tribu"
Con Salvador creciendo en casa, apareció un nuevo deseo: tener una hermanita. Y es ahí donde reaparece una de las protagonistas principales de esta historia de amor, esperanza y resiliencia: Coty, una hermana del corazón con la que que Luciana había trabado una amistad entrañable en el sur y que ya le había ofrecido su vientre en 2016, pero que en aquel momento "el miedo y el vacío legal", la llevaron a desistir de la idea.
Ahora, siete años después, en pleno 2023, la decisión no fue solo de los adultos. "Ya estaba Vicente, el hijo de Coty, que tenía 10 años, y que fue precisamente quien nos dio la bendición final con un llamado y un cartel que decía: Vamos a llevar a tu bebé", rememora Luciana emocionada frente a esa nueva maternidad que se abría ante sí "con toda la paciencia, con todo el amor. Sin urgencias, claro, con miedos, pero con la paz que nos daba Salvador".
A diferencia de la experiencia en Ucrania, este proceso fue completamente local. El tratamiento se realizó en Córdoba y bajo un estricto marco legal de "voluntad procreacional". Como en la Argentina no existe una ley específica sobre subrogación, Luciana, Emanuel y Coty tuvieron que atravesar evaluaciones psicológicas y psiquiátricas y presentarse ante una jueza para dejar asentada su intención. "Determinar que este embarazo iba a ser por fertilización, que la gestante con toda su comprensión deseaba llevar nuestro embrión, que no tenía raíz genética, y que este niño o niña, desde su nacimiento, era nuestro hijo", enumera Luciana.
Tras la aprobación judicial, en julio de 2024, se realizó la transferencia del único embrión que tenían y, quince días después, llegó la confirmación: Olivia estaba en camino, dando inicio a lo que Luciana denomina "embarazo en tribu. Con Salvador, Emanuel y yo" viajando de Córdoba a Olavarría, donde se habían mudado Coty y Vicente; y viceversa.
Con ecografías y controles obstétricos aquí y allá, porque "como ya sabíamos que mis hijos nacen cuando quieren, abrimos el paraguas por si nacía prematuro, y teníamos controles en ambas ciudades", comenta.
Tras un embarazo "sumamente normal y una internación compartida", Olivia nació por cesárea el 12 de marzo de 2025 en Río Cuarto". "Salió llorando, gritando, con los ojos abiertos. Yo la agarré en mis brazos, la puse cerca de la cara de Coty, y ahí me convertí nuevamente en mamá", asegura.
Esa misma tarde, Luciana cumplió otro sueño para el que se estuvo preparando durante todo el embarazo, amamantar a Olivia. "Era algo que yo quería intentar, y que sabía que se podía. Entonces me busqué una puericultora, y empezamos cuatro meses antes con medicación y estimulación cada tres horas", cuenta esta mujer que ha aprendido a hacer del deseo, su gran motor.
Hoy, Luciana transformó años de dolor, tratamientos, pérdidas y búsquedas frustradas en una historia que busca acompañar a otras personas que atraviesan la infertilidad y, también, poner sobre la mesa la necesidad de una ley de subrogación en la Argentina.
A más de un año del nacimiento de Olivia, disfruta del "familión" que construyó junto a Emanuel, Salvador, Olivia, Vicente y Coty, la amiga que eligió ayudarla de la manera más profunda posible y con quien quedó unida para siempre por un lazo de amor y solidaridad imposible de romper.