Nahuel Gallo contó los 448 días que vivió en el infierno de la cárcel venezolana

Detalló cómo fue detenido por el régimen de Nicolás Maduro y los golpes, amenazas y tormentos psicológicos que sufrió. "No se olviden de los presos políticos", pidió

Sufrió golpizas, interrogatorios con tratos crueles y amenazas. Supo también allí lo que significa la tortura psicológica de permanecer totalmente incomunicado durante más de un año -448 días, para ser exactos-. Y por si fuera poco, debió también aprender a sobrellevar la impotencia que genera ver el sadismo y la crueldad perpetradas sobre otros, sus compañeros de una reclusión injusta. "El régimen sigue estando ahí, siguen torturando, siguen haciendo lo que hacen", dice, con la convicción del que sabe que debe alzar su voz por otros.

Esto es apenas una parte de la historia de Nahuel Gallo, el gendarme argentino que fue detenido ilegalmente por el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, cuando viajaba, según su relato, a visitar a su mujer e hijo. "Te vas a Disney", le dijeron en los primeros días, cuando lo iban a trasladar al Rodeo I, la cárcel en la que iba a convivir durante su extensa detención junto a otros presos extranjeros.

Nada ni nadie podrá devolverle a Nahuel el tiempo perdido. Esa quizás sea la herida más profunda. Víctor, el pequeño, tiene ahora tres años, por lo que pasó dos de sus tres cumpleaños sin su papá. Ahora, de vuelta en la Argentina, se emociona al ver una foto tomada por el periodista Gabriel Bastidas, en la que el niño exhibe un cartel con su nombre y su rostro, pidiendo por su libertad. Víctor creció de golpe y Nahuel lo sabe. Pero, a pesar de las heridas, decide seguir y pedir, con firmeza, por la liberación de sus compañeros del Rodeo y de todos los presos políticos. "No se olviden de Venezuela", pide, y hace de su historia una bandera de lucha.

En esta charla exclusiva con TN Internacional, la primera conversación en la que habla en profundidad sobre lo que vivió en Venezuela, Nahuel Gallo cuenta en detalle lo que pasó cuando fue detenido en la frontera colombo-venezolana y lo que sucedió después cuando, luego de días de incertidumbre, fue enviado a la cárcel del Rodeo I. "Te vas a Disney", fue la frase que signó su destino con un trauma imborrable. Ese fue el principio de un infierno que cuenta en detalle en esta entrevista.

Nahuel, arranquemos por el principio: el 8 de diciembre de 2024, quedás detenido en la frontera colombo-venezolana. ¿Por qué habías viajado a Venezuela?

Mi viaje empezó el 6 de diciembre cuando salí de mi casa, de Argentina, a Chile para tomar el avión hacia Bogotá, y de Bogotá a Cúcuta, para ingresar por vía terrestre de Cúcuta a Venezuela.

El único pedacito que viajaba por tierra era de Cúcuta a Venezuela, porque en esa fecha había mucha demanda y no teníamos directo. El 8 de diciembre a las siete de la mañana tenía que estar en la frontera, pero como hay una hora de diferencia de Colombia a Venezuela, tuvimos que esperar una hora y media hasta que venga la gente de Migraciones de Venezuela. Cuando me voy a Migraciones, que es casi a las ocho de la mañana, Migraciones me dice: "no, primero te tienen que tomar una entrevista y ver los papeles que tenés para que yo te pueda sellar el pasaporte", así que tuve que esperar, estaba hablando con la gente, eran policías aduaneros, que, es más, creo que hay una foto circulando que yo estaba hablando con ellos, esperando que venga la gente a entrevistarme.

Cuando vino la gente a entrevistarme, yo no sabía quiénes eran, la verdad, no sabía si era DGCIM, la policía, en ese momento no sabía nadie.

No entendías la diferencia entre una fuerza y la otra.

Exactamente, porque ellos cuando vinieron estaban de civil, no tenían armas, no tenían una placa identificadora. Pensé que era normal, rutina, de que te pidan los papeles o que te hagan preguntas relacionadas con para qué ingresas al país.

En el momento que ingresé a la oficina en la que me hicieron las preguntas, yo solamente llevaba mi billetera, mi reloj y el sobrecito de todos los papeles que María, con antelación, había mandado a Colombia y el chofer me lo había dado, que era el taxista que habíamos contratado para que me lleve hasta la frontera. Cuando saqué los papeles, yo le presento la carta de invitación, el certificado domicilio donde iba a estar, los boletos de ida y vuelta, que yo me quedaba hasta el 28 de diciembre. Y bueno, obvio el pasaporte, le mostré que tenía efectivo en dólares, pero eso fue algo a lo que no le dio mucha importancia. Lo que le importaba era ver mi celular.

Policía Nacional Bolivariana. Ellos son los primeros efectivos que te reciben antes de que llegue el personal, que ahora sabemos que era de la Dirección de Contrainteligencia Militar. Cuando llega DGCIM, te piden tu teléfono y ¿qué pasa ahí?

"¿Qué querés ver?", le digo yo. "Quiero ver si tenés fotos con armas". Lo bueno es que yo no tenía fotos uniformado, yo no soy de sacarme muchas fotos uniformado o con las armas, nada. Entonces, me quedé tranquilo, la única foto que tenía era del bebé, de las carreras, paisajes.

Le di mi celular, lo dejé ahí, se puso a ver las fotos y automáticamente salió y se puso a entrar al WhatsApp. Yo le pregunté: ¿Qué hacés?

"No, no, quiero ver si hablas mal de mi presidente", puso "Chávez" primero, me acuerdo que puso Chávez en el buscador, no salió nada. Puso Maduro, y bueno, ahí yo tenía una conversación vieja con mi mujer de que lo estaban buscando por 50 millones de dólares a Maduro, pero una conversación tranqui. Pero bueno, eso fue el detonante para ellos, que no le gustó, se puso malo.

"Vos hablás mal de mi presidente, que quién sos, que quién sos.

¿Por qué hablas esto?" Yo le dije: "pero es una conversación vieja, fíjate que nada que ver".

Una conversación privada con tu mujer, que es venezolana, como tantos venezolanos conversan sobre la realidad de Venezuela.

Es más, yo cuando salí afuera, estaban los policías esos, que están ahí, y me dicen: "¿Qué pasó? - No, nada, había una conversación que tenía con mi mujer de que estábamos hablando mal de Maduro - "Ah, todo el mundo habla mal de Maduro", me lo dijo él, pero bueno. "No sé", le dije yo. "Quedate tranquilo, ya te vas", me decía el de la policía migratorio. Y a su vez estaba el chofer, al chofer le comenté, "decile a María, mandale mensaje, decile que me están entrevistando y me van a llevar a otra entrevista, que no sé qué va a pasar".

Bueno, al taxista en ese momento le dije que se comunique con María. Cuando él me pasa el celular, le dije, "bueno María, quedate tranquila, que vieron..." - le explico - "vieron los mensajes y bueno, se puso furioso y bueno". Yo le volví a preguntar al de DGCIM, hasta cuándo, a qué hora íbamos a terminar, porque tengo un vuelo acá en San Antonio y me tengo que ir para Caracas.

"Quedate tranquilo, quedate tranquilo, que ya viene mi jefe y él te va a entrevistar".

Cuando viene el jefe, ya ahí empezaron a revisar mis cosas, me empezaron a preguntar, me preguntaban dónde trabajaba. Yo nunca dije que era gendarme, de entrada yo dije que era aduanero, que trabajaba en la aduana dando seguridad, pero nunca dije que era gendarme.

Me revisan la valija a ver si traía algo, tenía una camiseta de Argentina. Cuando la sacan, la empiezan a pisar. Yo sé que ellos querían ver cómo actuaba en ese momento. Claro que le dije, o sea, "¿para qué hacen eso?" O sea, empezamos a discutir, empezamos a levantar el tono, yo levanté el tono también.

Bueno, volvieron a tocar mi celular, a preguntarme: "¿Por qué hablás mal de mi presidente?, que Maduro es bueno. Mirá, nosotros estamos re bien" - se tocaban la panza los dos. Me iban a esposar, no encontraban esposas, entonces me dijeron que me arrodille. Yo dije, "no me voy a arrodillar, ¿por qué si no tengo nada?" Entonces yo no me arrodillé y fue peor: me empujaron, me volvieron a empujar. En ese momento, que pasó todo lo que pasó, que estuvieron bastantes horas, me trasladan.

¿Te habían golpeado?

Sí, me habían golpeado ahí, estaban malos porque yo había hablado mal de Maduro. Yo me rehusaba al contacto físico con ellos. Entonces, como vieron eso, me sacaron de ahí y me llevaron a una sección, donde vi más gente dell DGCIM. Y ahí, bueno, como que llamaban, decían "quién es, quién es, quién es, de dónde viene, para qué viene". Y bueno, ahí sí me esposaron y me hicieron arrodillar. Ahí es donde me taparon la cabeza por primera vez, que yo decía, "¿por qué me tapan la cabeza?". Y me decían que era por no decir la verdad, "pero ¿qué verdad? Si es una conversación vieja, fíjate, si estoy hablando con una mujer, no estoy hablando con otra persona, no sé a qué querés llegar".

Me revisó todo el celular, y ahí es donde vio una foto donde se ve que yo era gendarme. En el momento en que vio que era gendarme, empezó a buscar por internet qué es ser un gendarme en Argentina.

Entonces, ¿para qué?. Ya me trataban de diferente, ya me esposaban los pies, me esposaron las manos. Porque, claro, creían que era, no sé, como yo les decía, que pensaban que yo era un ranger de Estados Unidos. Entonces, al ver esos mensajes, más viendo que soy una persona de la Fuerza, y ahí también se enojaron porque ellos decían que yo les había mentido, que no soy un aduanero, que soy una personal de la Fuerza.

Bueno, ahí, como estaba encapuchado, eran golpes a la cara, yo no sabía quién me golpeaba, o empujones, o como estaba esposado en las piernas, me tiraban al piso y yo me volvía a levantar y se enojaban, porque me volvía a levantar.

"¿Por qué te levantás de nuevo? ¿por qué te levantás? Te dije que te quedes en el piso". Entonces, yo no me doblegaba y eso les molestaba a ellos, porque yo le contestaba, ¿cómo le puedo decir?. Contestaba directo, fuerte, levantaba mi voz. Hay una parte que me decían, "no hables fuerte, porque no hace falta, estamos acá y te escuchamos bárbaro".

Entonces, yo le decía, "¿con qué saña hacen esto? O sea, ¿cuál es la necesidad de hacer esto? ¿A qué punto llega un mensaje de texto que no entiendo? No entiendo" - Y me decía: "No, es porque hablaste mal de mi presidente. Acá en Venezuela nadie habla mal de mi presidente, porque si no la pasa mal".

En algún momento, vos supiste que no ibas a salir pronto, que ibas a quedar detenido y que te ibas a Caracas

Yo, en San Antonio, estuve domingo, lunes y martes. El martes a las cinco de la mañana me trasladaron hasta Caracas. Y me llevaron a Caracas. Ese domingo estaba tan nervioso, yo no comí, yo no me bañé, yo preguntaba: "¿Mi llamada?, me corresponde una llamada, necesito llamar a mi mujer que está en Caracas esperándome. Necesito saber, más allá de que yo sé que no tengo embajador, pero necesito saber si puedo llamar a alguien diplomáticamente" - Me dijeron, "esto no es una detención, esto es una investigación".

Quiero saltar un poco algunas partes para irme ya directo a cuando te trasladan al Rodeo I, que es donde estuviste detenido. En un momento te dicen una frase, ¿te vas a...?

Te vas a Disney. Yo estaba en DGCIM, en ese momento era el único extranjero. Los venezolanos que estaban ahí también ya demorados, detenidos, porque ellos decían que estaban demorados nomás, yo les preguntaba si había otro extranjero y todos me decían, "no, tranquilo, el extranjero acá dura 10 días, 5 días, 15 días máximo y se va". Ya había pasado una semana, me había agarrado ataque de ansiedad, tenía que estar sentado sin parar, me tenían una luz led todo el tiempo, dormía en el piso, no me bañaba, no comía por la ansiedad. Cuando me trasladan yo veo que empiezan a ponerse todos chalecos, toda la cara tapada, arma, escopeta.

¿Te cubrieron la cabeza?

Eso fue cuando bajé del ascensor. En ese momento, también fue que me esposaron. Venía otro y decía, "no, no, al argentino no lo esposen". Me volvieron a esposar y yo decía, "no me voy, no me voy". Yo estaba ahí en la duda, si me iba o no me iba, qué hacían conmigo. Me decían: "Tú no estás detenido, nosotros te despojamos por tu prevención y por nuestra prevención".

-Pero, ¿y todos los golpes que recibí?

-No, no, eso es, eso es una parte de la entrevista -me dijeron.

Nahuel, ¿los golpes eran en la cabeza, en el abdomen?

En el abdomen, en la cabeza, cachetadas, puñetazos. En ese momento, me levantaron de nuevo y me trasladaron a la combi en el que íbamos a ir a SESMA . En ese traslado también pasaron bastantes cosas. Es un viaje que creo que fue de 40 minutos, pero se hizo relargo para mí, porque una vez que subí a la combi, estaba abierta la puerta, me habían puesto, en ese momento llaman, habrá sido cinco minutos que salimos del DGCIM, le llaman al que estaba a cargo, le dicen si el gendarme, los contactos telefónicos que tenía, porque tienen contactos de tribunales, de fiscalía, de juzgado y bueno, a mí me dicen "¿dónde está el gendarme?, ¿dónde está el argentino?".

Me ponen la escopeta en la cabeza y me dicen: "Decí la verdad sobre lo que te voy a preguntar, si no lo vas a pasar mal", y me dice, "¿por qué tenés número de tribunales?", le digo: "No, yo trabajo en una frontera. Trabajé muchos años en Buenos Aires, siempre estuve en la parte judicial de procedimientos".

"No, no, vos trabajas en tribunales, decí la verdad", le dice la otra persona que estaba en llamado, que se escuchaba que estaba en altavoz y bueno, ahí, como yo estaba tapado, me ponen la picana en la oreja diciéndome, "Decí la verdad porque lo vas a pasar mal".

O sea, también hay interrogatorios con descargas eléctricas.

No me la dieron, pero me pusieron la oreja como diciendo: "Si vos no contestás, la vas a pasar mal".

Y sabes de compañeros tuyos que hayan recibido descargas eléctricas.

Sí, sí.

Es un método...

Es un método para sacar preguntas, respuestas, de lo que quieran saber.

Llevame un poco al Rodeo.

Yo llegué al Rodeo a la noche-madrugada. Aclaro que no sabía que iba a llegar a un penal. Paso por un sector de pruebas, vamos a decirle, porque ahí te hacen saltar, te hacen caminar, te ve un médico, me ponen el uniforme y dices, bueno, a partir de ahora este es tu uniforme, que es el celeste.

¿El celeste?

Sí, ese celeste.

El uniforme se convirtió también en un símbolo de tu secuestro en Venezuela, por las imágenes que dieron a conocer, pero después Camilo Castro, otro de los presos políticos que estuvo en El Rodeo I, el francés, dijo, "nosotros no teníamos acceso inicialmente a ese patio grande".

No, ese patio grande fue el 2 de enero del 2025. No sabía lo que era salir a caminar.

No tenías acceso a nada.

Todo el tiempo estuve encerrado. Nosotros, los de celeste, no teníamos acceso al patio. Entonces decíamos, "bueno, a mí me mandan al patio, ¿por qué? ¿qué pasó?". Entonces me va a buscar el subdirector, me saca para el costado y me dice, "bueno, caminá de allá para acá". Me hace caminar solo. Al rato vienen dos más, que son los que estaban enfrente, son dos venezolanos y me pongo a caminar con ellos. Me dijeron: "bueno, caminen juntos ahí y vayan y vengan". Y uno me dice, "Te están grabando, fíjate". Miro y veo que me están grabando. Y le pregunté:

-¿Por qué me graban?

-Quedate tranquilo, que esto es algo bueno, quedate tranquilo -me dicen.

Hay muchas denuncias que se han hecho, incluso en instancias internacionales, sobre lo que se vive en los centros de detención de Venezuela. Dentro de lo que puedas contarnos, ¿qué es lo peor que viste y viviste en El Rodeo?

En El Rodeo tenés la "Cámara del Tiempo", que es un cuarto donde no tenés nada, no tenés litera, no tenés nada, nada, nada. O sea, tenés las rejas y la habitación, que es de tres por dos. Te ponen ahí desnudo, estás esposado y te tiran gas pimienta. Después tenés el cuarto piso, que seguro lo habrán escuchado.

¿Es una celda de castigo?

Una celda de castigo. Te sacan todo, te dejan desnudo, desnudo, desnudo. Para ir al baño tenés un huequito así redondito, nada más. No hay ducha, no hay agua, no hay nada. Se come supuestamente una sola vez al día y nada más. Lo sé porque mi compañero peruano, que estuvo conmigo en mi celda, por solamente preguntar cuándo terminan estos secuestros, lo agarraron, le tiraron gas pimienta y lo llevaron a ese lugar.

¿Qué es lo peor que vos pasaste?

Para mí lo peor es diciembre, por no saber qué va a pasar conmigo, no saber de María, de mi bebé. También los golpes que te pegan por ser gendarme o por ser argentino. Tenía ataques de ansiedad, por no saber qué iba a pasar, por qué me pasa esto. Igual que cuando se enteraron de que era gendarme. Yo, cuando se enteraron que era gendarme dije: "Bueno, si ellos creen que yo soy, como decían, el más arrecho, me tengo que aguantar, tengo que aguantar, tengo que aguantar, tengo que aguantar".

A veces digo que estar 24/7 en la celda, uno ha pensado muchas cosas, y siempre me preguntan, "¿te quisiste sacar la vida?". Y lo he pensado. Pero decía, "no, Víctor me está esperando, algún día va a terminar esto. Así que solamente lo pensé".

En un momento les sacaron la sábana a ustedes.

Eso fue en diciembre. A nosotros nos sacaron la sábana, teníamos sábana cuando llegué, el 14 de diciembre.

Nos sacaron la sábana el 24, 23, no me acuerdo, porque otros presos extranjeros se habían intentado sacar la vida, entonces nos sacaron la sábana de ese día hasta el día que me fui.

Nahuel, vos contás con mucho dolor las secuencias que incluso vivieron compañeros y entiendo algunos amigos tuyos. ¿Es también una tortura tener que presenciar o saber que eso se lo están haciendo a otro mientras vos estás en tu celda tratando de pensar en otra cosa?

Exactamente. O sea, es lo feo que no puedas hacer nada porque estás encerrado y vos sabés que está mal. Entonces, sí, psicológicamente te hace mal, te tortura, porque decís, yo sé que está mal, ¿qué puedo hacer? ¿Patear la puerta?

Mientras vos estabas secuestrado allá, acá en la Argentina pasaban un montón de cosas. Tu familia se movilizaba, María, Víctor se movilizaba. Tu mamá, tus hermanos. Muchísima gente pedía por vos, gente que ni siquiera te conocía, pero que se conmovió con la historia. Y yo rescato una imagen que a mí particularmente me emocionó mucho y creo que a vos también, que es la de Víctor agachadito mostrando un cartel con tu foto y tu nombre.

Sí, esa foto la amé. Sí, la amé, fue la primera foto que publiqué en mi Instagram. Esa mirada de mi bebé. Volverlo a ver, después de perder dos cumpleaños, de no saber si ya hablaba, si ya tenía todos los dientes. Era la duda de todos los días: qué estaba haciendo Víctor.

 Víctor pasó dos cumpleaños sin su papá

Entiendo que en uno de los dos cumpleaños de Víctor tus compañeros cantaron el cumpleaños feliz, ¿no? Ellos mismos recordaron.

Eso fue en enero. Sí, en enero del año pasado. Uno me dijo que Iván fue el que contó que era el cumpleaños de mi hijo, porque yo no lo conté a nadie. Entonces, sí, cantaron el cumpleaños a la noche cuando se hacía la oración, o hacían una breve misa. Entonces, antes de empezar, dijeron, bueno, "vamos a cantar el cumpleaños a Víctor, que es el hijo de Nahuel".

Bueno, claramente que agradecí, di gracias a todos, porque eran sus dos añitos, Esperaba salir pronto para poder festejar el próximo cumpleaños, pero bueno, también estuve encerrado.

Dos de tres cumpleaños te perdiste.

Exactamente.

Te quitaron, vamos a decirlo correctamente, dos de tres cumpleaños. ¿Tenías miedo de que te olvidara? Porque vos no tenías ni derecho a una llamada.

Exactamente. Yo tenía miedo, cuando bajé del avión, de que Víctor no me reconociera. Tenía miedo de que diga, como todo bebé, que quiere ir con la mamá y vino un extraño a querer abrazarlo.

Y gracias a Dios, el bebé nunca se despegó. Desde que bajé del avión hasta que subí a la camioneta, estuvo en mis brazos. La primera vez que yo llamé, le dije a María "¿y Víctor?, quiero escuchar la voz, quiero escuchar qué habla, si dice algo, papá, mamá, lo que sea".

Cuando lo vi, obvio, lo abracé, lo besé, no sabía qué hacer con el gordo.

Volviste en un avión de la Asociación del Fútbol Argentino, de la AFA. ¿Entendiste cómo fue la trama? Obviamente, ahora la comprendes, pero en su momento, ¿te explicaron algo?

Los dos pilotos se portaron re bien.

Cuando el director del penal me fue a buscar a la celda, me dijo, "cámbiate que te vas, pero no sé a dónde". Y dije: "bueno, o es un traslado o es algo que no sabemos".

Me sacan al mediodía, me dicen: "Tenés que bañarte, acá no hay baño y te vamos a llevar a un lugar". Me ponen la remera roja y yo le digo: "No quiero esa remera roja". Yo tenía una verde. Me dicen: "Esa es la que tenés que ponerte. Si no, no vas a salir". Previo a eso me dijeron "viene tu embajada". Y yo digo: "Pero si no hay embajada acá". Entonces, cuando me dijeron eso, yo digo: "Bueno, será otra embajada. Será la embajada de Estados Unidos, porque pensaba: "Estados Unidos con la Argentina se llevan bien". Nunca me imaginé que era lo que era.

Me cambio y me pongo esa ropa. Porque les decía: "¿por qué roja?". Y ese rojo es lo que todos ya sabemos.

El color del chavismo.

Sí, del chavismo claramente.

Veo que dos camionetas grandes y polarizadas se acercan, baja una gente y al rato me van a buscar. Me dicen que trajera mis cosas. Le dije: "¿Qué cosas si no tengo nada? ¡Me robaron todo!" "No, quedate callado, no digas nada". Yo ya estaba a la defensiva. Todo lo que me decían lo contestaba.

Yo entro a una habitación, había dos personas de traje y el director de la Federación Venezolana de Fútbol. Él me pasa la mano y me hace adelantarme. Y ahí veo que los otros dos tenían las chapitas de la AFA en el traje.

Entonces, entro yo a la habitación, estaban dos hombrees de traje, el presidente de la Asociación de Fútbol de Venezuela, y él es el que me pasa la mano y me hace un gesto como para que me adelante. Cuando yo veo a los dos del lado derecho que eran los de la AFA, yo lo identifico porque tenían la chapita de la AFA y la escarapela Argentina.

Dije, "No, chau, me voy. Acá sí me voy". Y nada, claro, lo hablo, lo saludo a ellos, me dicen, "Yo soy Lucho", "Yo soy Fer".

Y empecé a hablar y, bueno, nada, estaba nervioso. Uno de ellos me dice, "sentate", porque se dio cuenta de que yo estaba renervioso. Y ahí subí a la camioneta, me fui al aeropuerto, donde que estaba esperando el avión.

Hay algo en tu historia que quizás muchos no saben, pero la lógica de la administración de los presos políticos, de los secuestrados en Venezuela, tiene que ver con las lógicas de las tribus de poder dentro del régimen. Los presos políticos son de una u otra facción o de uno u otro personaje del régimen.

A vos te decían que vos eras el preso de alguien.

Sí, yo era preso supuestamente de Diosdado Cabello. Yo creía que era por el problema político que había entre la ministra de Seguridad y el presidente hacia el régimen venezolano. Entonces yo era un preso político de Diosdado Cabello.

Es más, lo hizo saber porque a nosotros nos ponían en el programa de Diosdado Cabello y él varias veces me nombró. Y él dijo: ‘Yo sé dónde está él, está en el Rodeo I preso'. Y recalcaba: ‘Él está preso por espionaje'.

Él lo decía en su programa Con El Mazo Dando.

Para terminar, dijiste una frase cuando llegaste que fue: ‘No se olviden de Venezuela, no dejen de hablar de Venezuela'.

Porque, como claramente pasó, nos hemos olvidado de Venezuela.

Ha pasado que veníamos bien con la transición, sacaron el 3 de enero a Maduro, pero se han olvidado de Venezuela. O sea, las relaciones internacionales, las ONG, los medios internacionales, ya no hablan de Venezuela, ya no hablan de los presos políticos porque están abocados a la guerra que hay entre otros países.

Y por eso siempre lo pedí: que no se olviden de Venezuela, no se olviden de los presos políticos, no se olviden de lo que está pasando en Venezuela hoy por hoy, amén de que supuestamente hay una transición. Pero seguimos en la misma, el régimen sigue estando ahí, siguen torturando, siguen haciendo lo que hacen, metiendo presos, haciendo falsos positivos, porque hay muchísimos falsos positivos, como el argentino que todavía está preso en Venezuela.

El caso de Germán Darío Giuliani, ¿estás en contacto con su familia? ¿Te han contactado?

Justo yo hablé con su mujer el domingo, en frente de la Casa Rosada, pidiendo por él y por todos los presos políticos.